Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 13
El impactante portal se encontraba flotando en el cielo. Radiaba una luz muy intensa, que fortaleció de alguna forma a los defensores de la luz.
-Asi que esto era lo que querían hacer los Slann...-dijo Kadal-gar, observando el vórtice.
-Se acabó el Caos -dijo Z\'loe.
-¿Que es eso? -dijo Lokgor asombrado.
-Eso, Lokgor, es lo que va a traer, por fin, la salvación -dijo Kadal-gar.
Archaon observaba el portal, a la vez que Be\'lakor se acercaba.
-Archaon, no podemos dejar que eso se termine de abrir.
-¿Porque, Be\'lakor? ¿que es eso?.
-Eso, Archaon, es el portal. Y no podemos permitir que lo que oculta en su interior entre en este mundo...de nuevo.
Be\'lakor se lanzó volando hacia el portal. Cuando iba a alcanzar su propósito, algo le retuvo. El enorme demonio observó que le estaba bloqueando, y vió a Nakai agarrandole de la cola.
-Apartate de mi camino, lagarto -rugió Be\'lakor.
-No acabarás con esto, esta vez no podréis salvaros.
-Maldito...suéltame, o acepta las consecuencias.
Be\'lakor golpeó a Nakai, que se desplomó sobre la arena del tétrico desierto.
-No permitiré que destruyas el portal...los Slann han dado su vida por conseguirlo.
-Que pena que vaya a ser en vano, Nakai. Nadie puede acabar con la oscuridad, ni con el Caos.
Be\'lakor alzó su espada, y golpeó a Nakai. El anciano Kroxigor dió una pequeña vuelta, esquivando el golpe. Nakai levantó su arma, y golpeó en el vientre al demonio.
-Varias veces has huido del Reino del Caos, y varias veces has conseguido volver -dijo Nakai- pero me ocuparé personalmente de acabar contigo.
-Siempre estaré presente, siempre volveré a por tu asquerosa raza.
Be\'lakor se lanzó volando hacia Nakai, y le golpeó con su cornamenta. El kroxigor cayó de nuevo al suelo, perdiendo su arma. El demonio la cogió del suelo.
-No pretendas luchar contra la oscuridad -dijo Be\'lakor- ni contra mi, mi poder es muy superior al tuyo.
El demonio alzó sus dos armas, y atacó a Nakai. Justo cuando iba a dar muerte al anciano Kroxigor, algó paró el ataque. Tras Be\'lakor estaba Teclis.
-Tu otra vez no...-dijo Teclis, observando con furia a Be\'lakor- ya acabé contigo en una ocasión.
-Nadie acaba con Be\'lakor -dijo el demonio.
-Puede que entre todos podamos acabar con tu vil existencia.
Be\'lakor observó a los lados. Estaba siendo rodeado poco a poco.
-El número no importa, solo importa el poder...y el oscuro es el mayor que existe.
Be\'lakor creó una onda expansiva, que golpeó a los presentes a su alrededor. Kroq-gar, a lomos de su carnosaurio Grymloq, se dirigió hacia el demonio, y le lanzó una pequeña esfera surgida de su mano izquierda. El proyectil golpeó en el pecho de Be\'lakor, causandole una pequeña herida. El demonio respondió lanzando una segunda esfera, de color negro, pero Z\'loe, que se encontraba cerca, bloqueó el ataque con un pequeño escudo. Be\'lakor se volvió hacia el saurio.
-O, venga, no me des la espalda.
Be\'lakor se volvió, y enfrente suyo tenía a Kadal-gar sobre Niq\'gor. El dragón lanzó una llamarada, que rodeo al demonio. Kadal-gar saltó de su montura, y, sacando su tridente, atacó a su oponente. El saurio clavó su arma de tres filos en el pecho del demonio. La sangre brotó de la bestia, que con un rugido de dolor, se quitó el tridente, clavado en su torso. Be\'lakor lanzó el arma al suelo, y se dirigió hacia sus oponentes.
-¿Acaso no veis que es inútil intentar detenerme? No podéis hacerme mas que pequeñas heridas sin importancia.
-Quizás, sean sin importancia -dijo Kadal-gar sonriendo- pero te hemos mantenido entretenido un buen rato...
-¿A que te refieres, saurio?.
-Se refiere...-Be\'lakor volvió de nuevo su vista- a que mientras tú estabas distraido con los ataques, nosotros nos preparabamos para acabar contigo.
Z\'loe se encontraba al fondo, con su alabarda alzada. Emitía un extraño brillo, nada propio de aquella arma. Tras Z\'loe, Teclis, Venetok, Tehenhauin, Balthasar Gelt, Yuruk y Tezpek, y varias personalidades de la magia estaban ofreciendo su poder para, entre los presentes, invocar tal conjuro que destruyera de una vez por todas al demonio. Por fin, el arma se descargó, y un brillante rayo con forma de dragón salió de su punta, dirigiendose a Be\'lakor. El demonio invocó un escudo, que chocó con el proyectil mágico de los hechiceros. Pero nada pudo contra la fuerza combinada del hechizo, y el escudo se resquebrajó poco a poco. Al fin, el hechizo logró pasar la defensa del ser oscuro, y golpeó de lleno a Be\'lakor. El conjuro fue rodeando poco a poco al demonio, y finalmente, tras un alarido de dolor, fulminó al demonio.
Teclis se acercó al lugar del impacto. En el suelo, tan solo estaba el arma de Be\'lakor y la de Nakai. El kroxigor se acercó al lugar, y recogió su fiel macana, y observando la espada del demonio, dijo:
-¿Que hacemos con esto?.
-Dejamelo a mí, me encargaré de que este arma jamás vuelva a ser empuñada -dijo Teclis.
El elfo invocó un hechizo que golpeó la espada. El arma se partió en tres partes, y un aura negra salió de su filo.
Tehenhauin volvió la mirada hacia el portal, que resplandecía en el cielo, y con un suspiro, dijo:
-Ya falta poco.
lunes, 1 de marzo de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 12

#1 · ▲Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 12
Los Slann se encontraban juntos, alrededor de un mismo punto, con los brazos alzados. Llevaban un buen rato emitiendo toda su energía al cielo, mientras que todos los aliados estaban protegiendolos del ataque del Caos. Muchos guerreros habían perdido la vida en el transcurso de esa guerra, pero no iban a detenerse. Z\'loe levantó su alabarda e hizo alzarse un pequeño muro de arena alrededor de los Slann, que no tardó en ser destruido. Kadal-gar, que estaba sobrevolando la guerra sobre su dragón, hizo que este lanzara una llamarada para crear un pequeño aro de fuego.
-¡Kadal-gar, hazle lanzar otra llama! -gritó Z\'loe.
Kadal-gar obedeció, y la bestia lanzó otra llamarada. Z\'loe alzó de nuevo su arma, y congeló el ataque. Tras esto, lo destrozó y lo convirtió en pequeñas cuchillas, que se lanzaron hacia los enemigos. Una lluvia de sangre saltó de los guerreros oscuros, que se desplomaron. De repente, un orco se lanzó a por Z\'loe. Justo cuando el piel-verde iba a golpear a Z\'loe, una flecha atravesó su oxidada armadura.
-Debes estar mas atento -dijo Saurzon.
Z\'loe no contestó. Se centró en repeler a sus enemigos.
Lokgor se encontraba sobre su gélido. Se dirigía hacia un pequeño grupo de guerreros que había, disipado, unos metros al norte. Justo cuando iba a llegar, algo se le puso delante. Un Juggernaut y su jinete se habían plantado frente al señor Salvaje.
-Vale, Lokgor, toca pensar -se dijo a si mismo el saurio.
Lokgor se hechó a correr. El Juggernaut comenzó a perseguirle. Lokgor siguió corriendo, intentando ganar tiempo para que se le ocurriera algo. Por fin, pensó en algo que podría sacarle del problema. Se dirigió a toda prisa hacia el lugar en el que se encontraban sus Salvajes, y se colocó frente a ellos, dirigiendose a su perseguidor. El Juggernaut se detuvo, y su jinete dijo:
-Deja de huir, saurio. Un guerrero no debe huir de su destino.
-No me hables de destino -dijo Lokgor, a la vez que alzaba su lanza y se la lanzaba a su rival. Un chorro de sangre salió del guerrero del Caos.
-¿Que pretendes hacerme con eso, saurio?.
-Yo nada, pero ellos mucho...
Un rugido salió de entre los Salvajes, y varios estegadones salvajes se giraron al oler la sangre de la herida. Las bestias se lanzaron a toda prisa, y embistieron al oscuro enemigo. Un alarido de dolor surgió de entre la matanza, y Lokgor, soltando una carcajada, dijo:
-Huy, se me escapó.
Lokgor soltó otra carcajada, y se unió a sus Salvajes a seguir luchando.
De repente, el suelo empezó a resquebrajarse. Kadal-gar observaba que todo venía del lugar en el que se encontraban los Slann. Estos estaban perdiendo poco a poco su piel y su carne, y se estaban consumiendo. Finalmente, unos enormes rayos de luz salieron de los cuerpos de los Slann, y sus tronos, con los hechiceros practicamente inertes, cayeron al suelo. Los rayos se unieron, y empezaron a expandirse. De repente, algo surgió en el cielo. Venetok, el chamán eslizón, observó el extraño vórtice, y no pudo creer lo que estaba viendo, algo que no presenciaba desde hacia milenios...
-¡Venetok, reacciona! -dijo Tehenhauin, que se encontraba a su lado.
-Observa, compañero, lo que tanto tiempo hemos aguardado.
-¿A que te refieres?.
Tehenhauin se volvió, y se quedó observando el vórtice. El anciano eslizón se quedó abrumado, no esperaba que volviera a ver aquello.
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 11

Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 11
Morathi se encontraba frente al cuerpo inerte de Malekith. Lloraba la muerte de su hijo, aunque en sus ojos no se podía ver tristeza, sino furia y odio hacia el que había acabado con la vida del rey brujo. Una sombra se colocó tras de la elfa, a la vez que esta se giraba hacia el misterioso personaje.
-Acaba con ellos, con todos y cada uno.
-No te preocupes, vengaré la muerte de mi padre, abuela.
La sombra se dirigió hacia el climax de la batalla, donde estaban todas las hordas oscuras y las de la luz, protegiendo a los Slann. De repente, algo se interpuso entre el elfo oscuro y su objetivo.
-Saludos, Naggarith -dijo el eslizón Kiei.
-¿Tu? Tu moristés, vi como el templo se derrumbaba contigo en él.
-Los ojos en ocasiones nos engañan, Naggarith. Por eso nunca se debe confiar en ellos.
-Entonces, ahora acabaré con lo que debí acabar hace mucho tiempo.
El elfo mostró su equipamiento. En los brazos, protegiéndole, los escudos del león negro, unos salvaguardias con los rostros de dos leones, uno en cada escudo. En sus manos, dos lanzas, que tantas muertes habían cosechado entre los hombres lagarto. Kiei desenfundó su espada, con el filo ensangrentado debido a la guerra en la que se encontraba.
-El peor morirá, y el mejor vivirá -dijo Naggarith.
El elfo se lanzó a por Kiei, que esquivó a su contrincante dando un salto. Naggarith se volvió, y lanzó una pequeña esfera negra de uno de sus escudos, que golpeó a Kiei. El eslizón contraatacó con unas pequeñas estrellas plateadas, propias de los asesinos, que se clavaron en la armadura de su rival. Naggarith mostró sus escudos. Los ojos de los leones empezaron a brillar, emitiendo un resplandor rojizo. Dos rayos salieron de las fauces de las bestias, que golpearon de lleno a Kiei. El eslizón se levantó. El ataque había dado en el hombro izquierdo, que sangraba a borbotones.
-Admitelo, Kiei, nunca podrás conmigo.
-Nunca menosprecies a un eslizón.
Naggarith sacó una espada de su vestimenta, y se lanzó a por Kiei. Ambos espadachines se vieron envueltos en un combate a vida o muerte. Kiei detuvo los golpes de Naggarith con su arma, y dió un salto. El eslizón giró sobre su enemigo, y, cuando se encontró tras el elfo, lanzó una pequeña esfera de su palma. Naggarith cayó al suelo.
-Has mejorado desde nuestro último combate -dijo el elfo, cogiendo algo de aliento.
-Aún no has visto nada.
-Tu si que no has visto nada, no oses asemejarte a mi poder. Fui engendrado por el rey brujo, y fui bendecido por Khaine. No puedes intentar siquiera compararte a mi.
-No obedezcas a un falso dios. Los únicos señores de este mundo son los Ancestrales.
-¿Los Ancestrales? Murieron, y nunca volverán, nada podrá corromper los planes del Caos, ni los de los Druchii.
-Procuraré ahorrarte el dolor de ver como tu raza cae. Ya ha caído tu padre, y el resto no tardará en hacerlo.
Kiei empezó a dar vueltas alrededor de su rival, a una velocidad a la que era practicamente inapreciable, y tan solo era posible percatarse de la presencia del eslizón debido al haz negro que dejaba tras de si. Naggarith cerró los ojos, concentrandose, y con una de sus lanzas, golpeó a Kiei. El eslizón cayó al suelo, exausto.
-No puedes compararte a mi, Kiei. Deja de intentarlo y permíteme darte una muerte rápida.
Naggarith alzó sus brazos hacia el cielo, e invocó una nube negra. De ella salieron varios rayos púrpuras, que dieron en Kiei. El eslizón estaba agotado y dolorido. Pequeñas descargas eléctricas chispeaban en el cuerpo del eslizón.
-Ríndete ya, Kiei, nunca has podido derrotarme. Nunca has tenido la oportunidad.
Kiei estaba enfurecido. Tenía el orgullo tocado desde que perdió frente a Naggarith, tiempo atrás.
-Pues si he de morir...te llevaré conmigo.
Kiei empezó a rodearse de un aura oscura. Sus ojos se volvieron mas rojos de lo normal, y sus pupilas se esfumaron. Elevó sus brazos, y se rodeó de una burbuja oscura. Esta empezó a crecer, y rodeó también a Naggarith.
-¿Que has hecho, eslizón? -dijo naggarith, mientras veía, atemorizado, como sus armas empezaban a desintegrarse.
-Su nombre es Tae-geru. Es un antigua arte oscura, asociada a la magia negra. Es peligroso hacer uso de ella, debido a que ambos luchadores mueren.
-¿Que va a ocurrir?.
-Poco a poco esto irá cerrandose, y al final se colapsará. El final ya esta escrito, Naggarith.
-Maldito eslizón...
-Te veré en el infierno.
La burbuja se cerró por fin. Una pequeña onda expansiva salió alrededor, levantando el suelo del desierto.
Z\'loe observó el lugar en el que se había cerrado la burbuja, y comprendió lo que había ocurrido. El saurio giró su cabeza hacia las hordas oscuras, y rugió. Kiei había dado su vida por la causa, y el no pararía hasta recompensarle como se merecía, acabando de una vez por todas con el Caos.
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 10
Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 10
Todos los héroes se colocaron alrededor de los Slann. Z\'loe había recibido la orden de proteger a toda costa a los Slann mientras realizaban el plan que habían acordado tiempo atrás, antes de partir, y que posiblemente les llevaría a la muerte. Pero, por el bien de su mundo, debían hacerlo.
Los Slann comenzaron a radiar energía de su cuerpo. Unos luminosos rayos salían del cuerpo de los enormes hechiceros, a la vez que iban adelgazando poco a poco. Parecía como si estuvieran dando toda su energía. De repente, el dragón de Malekith, rey de los elfos oscuros, se postro frente a los Slann, dispuesto a lanzar una de sus mortales llamaradas. Afortunadamente, Kadal-gar, montado en Niq-gor, salió en la ayuda de sus señores, y se colocó delante de su enemigo.
-Kadal-gar -dijo Malekith- no oses interponerte entre yo y mi propósito.
-Pues me temo que hoy no es tu día de suerte.
-Que así sea, reza por la vida, saurio.
El dragón del rey brujo se lanzó con las garras abiertas hacia Niq-gor, que contestó con una llamarada. Ambas bestias se batían en duelo en el cielo, era como si estuvieran ausentes de la enorme batalla que se mostraba metros mas abajo. Los dragones escupieron de nuevo fuego, y ambas llamas chocaron, golpeando a las dos bestias, que cayeron al suelo. Malekith y Kadal-gar bajaron de sus monturas, y se dispusieron a darse muerte.
-Muestra tus armas, saurio -dijo el elfo.
Kadal-gar le lanzó una mirada amenazadora, y desenfundó dos espadas doradas. El rey brujo mostró su majestuosa espada, y ambos luchadores se colocaron en posición de ataque. Kadal-gar comenzó el enfretamiento, dirigiendose hacia Malekith. El saurio alzó sus espadas, pero el elfo golpeó el cuerpo de Kadal-gar con su espada. El lagarto se desplomó contra el suelo, apretando su armadura, un poco abollada, con su brazo. Malekith empezó a formar una esfera etérea en su mano izquierda, y se la lanzó a Kadal-gar, que paró el ataque con su brazo de oro. El saurio contraatacó con el mismo ataque, devolviendoselo a su enemigo, que lo contrarrestó con otro hechizo. Ambos conjuros chocaron entre si, intentando forzadamente destruir al otro. Finalmente, el ataque del rey brujo pudo con el de Kadal-gar, y el hechizo golpeó de lleno al saurio. Malekith se acercó a Kadal-gar, y alzando su espada, dijo:
-Muchas veces has interrumpido mis conquistas en Lustria, Kadal-gar, pero ahora, con el reinado del Caos, no podrás hacer nada contra mi... -rió Malekith- y con la victoria de los dioses oscuros, me alzaré por fin con Ulthuan.
-¿De verdad crees que te van a entregar Ulthuan? Tu y tus guerreros sois solo peones, cuando acabe esta guerra, os desturirán, y tu caerás.
-Pero antes caerás tu, Kadal-gar -Malekith elevó mas su espada, que empezó a rodearse de un humillo color rojo sangre.
Kadal-gar, antes de que el elfo le golpeara, agarró las piernas de su enemigo con su cola, y le hizo caer al suelo. El saurio cogió su tridente de su espalda, y rapidamente lo clavó en su rival. La sangre del elfo chorreaba de las tres punzantes heridas. Kadal-gar empuñó el arma de Malekith, la elevó, y dijo:
-Ahora caerás frente al arma que tantas muertes ha cosechado entre las razas de este mundo.
Kadal-gar dejó caer la espada sobre el cuello de Malekith, y la cabeza del elfo oscuro rodó por el desierto. El saurio la recogió y se la ató a la armadura, a modo de trofeo. Por fin, y tras mucho reinado de oscuridad y dolor, había caído el rey brujo.
Todos los héroes se colocaron alrededor de los Slann. Z\'loe había recibido la orden de proteger a toda costa a los Slann mientras realizaban el plan que habían acordado tiempo atrás, antes de partir, y que posiblemente les llevaría a la muerte. Pero, por el bien de su mundo, debían hacerlo.
Los Slann comenzaron a radiar energía de su cuerpo. Unos luminosos rayos salían del cuerpo de los enormes hechiceros, a la vez que iban adelgazando poco a poco. Parecía como si estuvieran dando toda su energía. De repente, el dragón de Malekith, rey de los elfos oscuros, se postro frente a los Slann, dispuesto a lanzar una de sus mortales llamaradas. Afortunadamente, Kadal-gar, montado en Niq-gor, salió en la ayuda de sus señores, y se colocó delante de su enemigo.
-Kadal-gar -dijo Malekith- no oses interponerte entre yo y mi propósito.
-Pues me temo que hoy no es tu día de suerte.
-Que así sea, reza por la vida, saurio.
El dragón del rey brujo se lanzó con las garras abiertas hacia Niq-gor, que contestó con una llamarada. Ambas bestias se batían en duelo en el cielo, era como si estuvieran ausentes de la enorme batalla que se mostraba metros mas abajo. Los dragones escupieron de nuevo fuego, y ambas llamas chocaron, golpeando a las dos bestias, que cayeron al suelo. Malekith y Kadal-gar bajaron de sus monturas, y se dispusieron a darse muerte.
-Muestra tus armas, saurio -dijo el elfo.
Kadal-gar le lanzó una mirada amenazadora, y desenfundó dos espadas doradas. El rey brujo mostró su majestuosa espada, y ambos luchadores se colocaron en posición de ataque. Kadal-gar comenzó el enfretamiento, dirigiendose hacia Malekith. El saurio alzó sus espadas, pero el elfo golpeó el cuerpo de Kadal-gar con su espada. El lagarto se desplomó contra el suelo, apretando su armadura, un poco abollada, con su brazo. Malekith empezó a formar una esfera etérea en su mano izquierda, y se la lanzó a Kadal-gar, que paró el ataque con su brazo de oro. El saurio contraatacó con el mismo ataque, devolviendoselo a su enemigo, que lo contrarrestó con otro hechizo. Ambos conjuros chocaron entre si, intentando forzadamente destruir al otro. Finalmente, el ataque del rey brujo pudo con el de Kadal-gar, y el hechizo golpeó de lleno al saurio. Malekith se acercó a Kadal-gar, y alzando su espada, dijo:
-Muchas veces has interrumpido mis conquistas en Lustria, Kadal-gar, pero ahora, con el reinado del Caos, no podrás hacer nada contra mi... -rió Malekith- y con la victoria de los dioses oscuros, me alzaré por fin con Ulthuan.
-¿De verdad crees que te van a entregar Ulthuan? Tu y tus guerreros sois solo peones, cuando acabe esta guerra, os desturirán, y tu caerás.
-Pero antes caerás tu, Kadal-gar -Malekith elevó mas su espada, que empezó a rodearse de un humillo color rojo sangre.
Kadal-gar, antes de que el elfo le golpeara, agarró las piernas de su enemigo con su cola, y le hizo caer al suelo. El saurio cogió su tridente de su espalda, y rapidamente lo clavó en su rival. La sangre del elfo chorreaba de las tres punzantes heridas. Kadal-gar empuñó el arma de Malekith, la elevó, y dijo:
-Ahora caerás frente al arma que tantas muertes ha cosechado entre las razas de este mundo.
Kadal-gar dejó caer la espada sobre el cuello de Malekith, y la cabeza del elfo oscuro rodó por el desierto. El saurio la recogió y se la ató a la armadura, a modo de trofeo. Por fin, y tras mucho reinado de oscuridad y dolor, había caído el rey brujo.
jueves, 18 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 9

Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 9
-¿Que quieren destruirnos? -dijo Archaon soltando una carcajada- nadie puede detener al Caos.
-La información nos ha llegado desde la fortaleza de Karagrum.
-Ese enano...al menos, ¿habrán logrado acabar con esos lagartos, verdad?.
-Consiguieron huir, mi señor.
-¡Esto es inaceptable! -gritó Archaon- en fin, así les agarraré con mayor ansia en la guerra, y los asesinaré con mis propias manos.
-Hemos convencido a parte de los orcos de que colaboren con nosotros, esos pobres estúpidos...
-¿Orcos? ¿Orcos? ¿esque no recuerdas lo que me hizo ese tal Grimgor?.
-Les pierde el poder, quieren mas y mas, y cuanta mas carnaza puedan apalear, mejor. Usted, mi señor, simplemente guárdese las ganas, para que, cuando ese orco crea que esta desprotegido y a salvo... -el guerrero del Caos soltó una sonrisa siniestra.
-Bien, puedes retirarte.
El oscuro soldado se alejó, sumiendose en las sombras. Archaon se quedó pensativo, y de repente, escuchó una voz.
-Saludos, mi señor Khorne -dijo Archaon.
-Seré rápido, y poco venebolente, si nos fallas esta vez, sufrirás toda la eternidad, y jamás te daremos la muerte, por mas que la pidas.
-No volveré a fallar, señor.
-Eso espero. Porque, como acaben con nosotros y con el Caos, nosotros y el Caos acabaremos contigo.
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-Bien, soldados -dijo el cacique Mazdamundi- ha llegado la hora, es posible que muráis en esta guerra, pero pensad que será por el futuro del Gran Plan. Nos dirigimos a los desiertos del norte, al lugar donde habita gran parte del Caos. Posiblemente, ya esten esperándonos, preparados para la guerra con innumerables aliados.
La ciudad templo estaba abarrotada. Todos los grandes líderes, y todas las tropas de los Hombres Lagarto de la ciudad habían acudido para acompañar a su señor Mazdamundi hasta los desiertos. Iban a comenzar el viaje, que les llevaría hasta su salvación, o, por el contrario, hasta su perdición.
Llevaban días viajando, el camino era largo, pero cada vez quedaba menos para llegar a sus destinos. Todos los Slann estaban presentes entre las hordas de guerreros, asi como los altos elfos, los imperiales, los bretonianos, los elfos silvanos y los enanos. Era el mayor ejército visto jamás, y se dirigían a acabar con la mayor peste que había existido jamás.
Por fin, llegaron a los desiertos del Caos. Entre los lagartos, se pudo ver a Oxayotl, que estaba muy agitado al recordar ese lugar.
-Hemos llegado -dijo Kadal-gar, observando las dunas de aquel lugar.
-Da miedo solo de verlo, ¿e? -dijo Lokgor.
-El miedo es un sentimiento, y como tal, hay que erradicarlo -dijo Z'loe, que se acababa de sumar a la conversación.
-¿Porque se deben de erradicar? La furia, el odio...son tambien sentimientos, que pueden ser usados para la batalla -le recriminó Kadal-gar.
-Supongo que cada uno tiene una forma de verlo, ¿no? -dijo Lokgor.
-Supongo... -Z'loe se alejó, dirigiendose hacia su maestro Veotl.
-Que saurio mas raro -dijo Lokgor, riendose, mientras observó que Kadal-gar estaba muy serio- ¿que ocurre?.
-Hay alguien bajo nosotros -dijo el saurio, a la vez que emitía un rugido- si me disculpas, me voy a las alturas para ver bien el panorama.
El enorme dragón Niq-gor descendió del suelo, a la vez que su señor se subía en el. De repente, unos seres surgieron de las arenas, deformes y podridos, y empezaron a vomitar un fluido color verdoso. Al fondo, apareció el ejército oscuro, con Archaon a la cabeza.
-Tranquilos, la victoria esta asegurada, nadie puede derrotar al Caos -gritó Archaon.
El oscuro ejército se lanzó a por sus enemigos. Los lagartos y sus aliados se prepararon para recibir a las siniestras hordas. Nekailoq, el primer centauro, observó gustoso que entre el ejército rival, había Skavens, su carne predilecta a lo largo de sus muchos años de vida. El centauro se puso a correr hacia el Caos, con la lengua para fuera, y con su magnifica hacha alzada.
-¿Pero adonde va? -dijo el Cacique Nek-klax- ¡acompañadle, vamos! -gritó ordenando a sus tropas.
Los guerreros de Nek-klax se dirigieron hacia sus enemigos, custodiando a Nekailoq, aunque parecía que este no necesitaba mucha ayuda ante los Skavens.
-¡Ha llegado la hora de ejecutar el plan! -dijo el cacique Mazdamundi.
Todos los Slann se giraron, y se dirigieron hacia un mismo lugar.
-¿Que estan haciendo? -dijo Lokgor.
-Acercate a ellos, alrededor, y preparate para el fin del Caos.
Todos los héroes se juntaron alrededor de los Slann, que habían alzado sus manos, y estaban radiando tal energía, que los chamanes oscuros empezaron a retorcerse en el suelo de dolor.
lunes, 15 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 8

Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 8
-Bienvenido a mi hogar, Kiei -dijo Z\'loe observando a su acompañante. Habían terminado su travesía, tras convencer a los Enanos de que colaboraran en la guerra, había llegado la hora de prepararse para la gran batalla. Posiblemente morirían, pero lo harían para erradicar al Caos.
La enorme pirámide se alzaba en el centro de la ciudad templo. Z\'loe subió los escalones. En la puerta del templo superior, el guardia del templo Kuak-tehe, que siempre había protegido la entrada al templo, reconoció al instante a Z\'loe.
-Bienvenido, señor -dijo el guardia del templo, agachando su cabeza, y apartandose.
Z\'loe entró en la oscura sala, se oía una gotera caer en el suelo, y el ambiente era lúgubre. En el centro, descansaba el cuerpo terrenal del cacique Veotl. De repente, el cuerpo que parecía inerte del gran Slann empezó a emitir una pequeña luz, y la sala volvió al color que siempre tenía.
-Por fin has vuelto, aprendiz -dijo la profunda voz de Veotl.
-Saludos, mi maestro.
-Dime, ¿conseguiste convencer a los enanos?.
-En efecto, maestro. Fue algo complicado, me vi envuelto en una emboscada por parte de unos guerreros del Caos.
-¿Que? -la luz que radiaba el cuerpo de Veotl empezó a oscurecerse- ¿no tendrán constancia de nuestros planes?.
-Me temo que si, maestro.
-¿Y como la consiguieron, Z\'loe? -Veotl estaba enfurecido.
-La fortaleza enana a la que llegue estaba dominada por los Enanos del Caos. Informé a su líder creyendo que pertenecía a los nuestros.
-Fue una imprudencia por tu parte, Z\'loe, ahora conocen nuestros planes y opondrán mayor resistenica.
-Disculpeme, maestro -dijo el saurio, agachando la cabeza.
-Bueno, dejemos el tema durante un momento. Me han informado de que Mazdamundi ha conseguido la ayuda de los Centauros lagarto.
-Los Centauros son solo una leyenda, señor, nunca se ha probado su existencia.
-¿Vas a dudar de la palabra de Mazdamundi, Z\'loe?.
-En absoluto, nunca osaría.
-Bien. Prepara a todas las tropas de la ciudad, partiremos mañana.
-Esta bien, maestro.
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Mazdamundi observó a sus acompañantes. Había reunido a todos los líderes de Lustria para conocer la situación en la que estaban sus ejércitos.
-Bien, saludos a todos -dijo el anciano Slann.
-Saludos, lord Mazdamundi -dijo Saurzon, haciendo una reverencia.
-Saludos, señor -dijo Kadal-gar, señor de la orden.
-Saludos compadre -dijo Lokgor, soltando una carcajada.
Mazdamundi lanzó una mirada amenazante a Lokgor, que dejo de reirse al instante.
-Bien, os he reunido aqui para conocer el estado de vuestros ejércitos.
-Mis guerreros estan listos para la batalla, señor -dijo el eslizón Saurzon-, nos hemos preparado concienzudamente para esta batalla, y esperamos estar a la altura.
-La orden del gélido dorado esta lista, Mazdamundi -dijo Kadal-gar- tenemos listos todos los carros de guerra, y mis mejores luchadores ya estan listos.
-Bien, Kadal-gar, di a tus mejores aprendices que lideraran a nuestras hordas de saurios. Y tu, Lokgor, ¿que hay de tu ejército?.
-Mis tropas estan listas para destruir a golpe de puño y cola a todo el que se ponga por delante.
-Bien, bien. He hablado con Veotl, el cacique de las Tierras del Sur, sus tropas comenzarán el viaje mañana. Señores, esta guerra va a ser el mayor acontecimiento entre los Lagartos, será recordada para siempre entre los de sangre fría, y espero que no sea por una derrota. Es posible que muramos en el intento de acabar con el Caos, pero espero que no sea así. Bien, si no hay nada mas que hablar, nos veremos en el momento de la partida.
Los tres líderes salieron del templo de Mazdamundi. Este cerró los ojos, y su espíritu se elevó hasta entrar en contacto con el resto de Slann.
-Saludos, amigos. Seais bienvenidos. Os he reunido aqui para hablar de como cerrar el portal, para impedir que el Caos vuelva a entrar en nuestro mundo. Y creo que tengo un plan, pero, para realizarlo, debéis contestar a esta pregunta, ¿dispuestos a morir por el Gran Plan?.
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 7

#1 · ▲Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 7
Z\'loe no podía creer que delante suyo se encontrara Borimigram, el héroe enano que le había salvado la vida en aquella guerra y que creia muerto.
-¿Tu...tu eres Borimigram? -dijo Z\'loe.
-En efecto, ese enano al que has estado a punto de asesinar es el mismo que te salvó la vida.
-Pero...¿como es que te llaman Borgdrim?.
-¿No es evidente? Porque nadie sabe quién soy en realidad.
-¿Pero, porque?.
-Verás, fui enviado a espiar esta fortaleza, mis señores recibieron información acerca de que aqui dominaban los enanos del Caos.
-¿Cuanto llevas aqui?.
-Incontable tiempo, he reunido muchas pruebas que aseguran nuestras sospechas, y pronto partiré hacia mi hogar.
-Dices que aqui reina el Caos, entonces...
-Deben de dirigirse aqui para acabar contigo.
Unos temblores hicieron retumbar el pasillo, y un polvillo cayó sobre las cabezas de Z\'loe y Borimigram. Entonces, la puerta empezó a ceder a unos estremecedores golpes. El rústico portón cayó, y un enorme guerrero oscuro apareció. Este levantó su martillo, en posición amenazante, y golpeó la cama del enano, destrozandola. Z\'loe alzó su alabarda, que de tantos problemas le había sacado, y lanzó un rayo al siniestro visitante, que ni se inmutó.
-¡Tiene un escudo mágico! -gritó Borimigram.
Z\'loe pensó durante un rato, durante el poco tiempo del que disponía, y se lanzó con su mandíbula abierta hacia el cuello del guerrero del Caos. Un crujido resonó en la habitación, a la vez que el ensangrentado cuello del enemigo chorreaba en el suelo. Z\'loe corrió hacia el pasillo, con Borimigram a sus espaldas, y el hacha de este en su cinturón. Los dos corrieron por el pasillo, y tras ellos aparecieron un grupo de enanos del Caos. Z\'loe lanzó un hechizo, que hizo derrumbarse el techo del pasillo.
Al final del túnel había una luz, que indicaba que estaban acercándose a la salida. Detrás de ellos había una sombra, que se acercaba velozmente.
Borimigram y Z\'loe salieron de la fortaleza enana, y tras ellos apareció Kiei.
-¿Os olvidabais de mi, o que? -dijo el eslizón.
Z\'loe se subió a su trono y se encaminó apresurado a alejarse del lugar. Lanzó un conjuro de su arma, que derrumbó la entrada a la fortaleza de los barbas-largas. Cuando por fin estuvieron a salvo, Borimigram y Z\'loe se despidieron.
-Te ayudaré en tu guerra, Z\'loe, y conmigo estarán todos los enanos.
-Eso espero, viejo amigo.
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Las patas de Nekailoq se posaron sobre el suelo de la ciudad templo. Tras de si estaban Mazdamundi y sus guerreros y el resto de centauros. Los eslizones y los saurios de la ciudad observaron a Nekailoq, murmurando si lo que veían era real o simplemente una imaginación producida por algún tipo de magia malévola.
Mazdamundi indicó al primero de los centauros el camino hasta su templo, donde discutirían acerca de la guerra que se avecinaba.
-Verás, Slann, podría ofrecerte mi ayuda...o no. El caos nunca me ha producido ningún contratiempo, y no me importaría que lucharais o no contra el.
-Pero si se adueñan de Lustria, buscarían entre las junglas hasta encontraros, y eliminaros. Somos nosotros quién, de forma indirecta, os protegemos.
-Tal vez tengas razón, pero...¿que te parece si permitís a los de mi raza vivir entre vosotros? es un trato aceptable.
-Tendría que discutirlo con mis hermanos, es posible que no lo aceptarán.
-Creeme, Slann, si son tan sabios como dicen, lo aceptarán. Podría ser una gran ayuda entre tus tropas.
-Esta bien, conseguiré convencerles.
-Partiremos por la mañana, si no tienes nada en contra.
-Antes tendría que consultarlo, pero, cuanto antes partamos, mejor.
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