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jueves, 25 de febrero de 2010

Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 11


Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 11



Morathi se encontraba frente al cuerpo inerte de Malekith. Lloraba la muerte de su hijo, aunque en sus ojos no se podía ver tristeza, sino furia y odio hacia el que había acabado con la vida del rey brujo. Una sombra se colocó tras de la elfa, a la vez que esta se giraba hacia el misterioso personaje.

-Acaba con ellos, con todos y cada uno.

-No te preocupes, vengaré la muerte de mi padre, abuela.

La sombra se dirigió hacia el climax de la batalla, donde estaban todas las hordas oscuras y las de la luz, protegiendo a los Slann. De repente, algo se interpuso entre el elfo oscuro y su objetivo.

-Saludos, Naggarith -dijo el eslizón Kiei.

-¿Tu? Tu moristés, vi como el templo se derrumbaba contigo en él.

-Los ojos en ocasiones nos engañan, Naggarith. Por eso nunca se debe confiar en ellos.

-Entonces, ahora acabaré con lo que debí acabar hace mucho tiempo.

El elfo mostró su equipamiento. En los brazos, protegiéndole, los escudos del león negro, unos salvaguardias con los rostros de dos leones, uno en cada escudo. En sus manos, dos lanzas, que tantas muertes habían cosechado entre los hombres lagarto. Kiei desenfundó su espada, con el filo ensangrentado debido a la guerra en la que se encontraba.

-El peor morirá, y el mejor vivirá -dijo Naggarith.

El elfo se lanzó a por Kiei, que esquivó a su contrincante dando un salto. Naggarith se volvió, y lanzó una pequeña esfera negra de uno de sus escudos, que golpeó a Kiei. El eslizón contraatacó con unas pequeñas estrellas plateadas, propias de los asesinos, que se clavaron en la armadura de su rival. Naggarith mostró sus escudos. Los ojos de los leones empezaron a brillar, emitiendo un resplandor rojizo. Dos rayos salieron de las fauces de las bestias, que golpearon de lleno a Kiei. El eslizón se levantó. El ataque había dado en el hombro izquierdo, que sangraba a borbotones.

-Admitelo, Kiei, nunca podrás conmigo.

-Nunca menosprecies a un eslizón.

Naggarith sacó una espada de su vestimenta, y se lanzó a por Kiei. Ambos espadachines se vieron envueltos en un combate a vida o muerte. Kiei detuvo los golpes de Naggarith con su arma, y dió un salto. El eslizón giró sobre su enemigo, y, cuando se encontró tras el elfo, lanzó una pequeña esfera de su palma. Naggarith cayó al suelo.

-Has mejorado desde nuestro último combate -dijo el elfo, cogiendo algo de aliento.

-Aún no has visto nada.

-Tu si que no has visto nada, no oses asemejarte a mi poder. Fui engendrado por el rey brujo, y fui bendecido por Khaine. No puedes intentar siquiera compararte a mi.

-No obedezcas a un falso dios. Los únicos señores de este mundo son los Ancestrales.

-¿Los Ancestrales? Murieron, y nunca volverán, nada podrá corromper los planes del Caos, ni los de los Druchii.

-Procuraré ahorrarte el dolor de ver como tu raza cae. Ya ha caído tu padre, y el resto no tardará en hacerlo.

Kiei empezó a dar vueltas alrededor de su rival, a una velocidad a la que era practicamente inapreciable, y tan solo era posible percatarse de la presencia del eslizón debido al haz negro que dejaba tras de si. Naggarith cerró los ojos, concentrandose, y con una de sus lanzas, golpeó a Kiei. El eslizón cayó al suelo, exausto.

-No puedes compararte a mi, Kiei. Deja de intentarlo y permíteme darte una muerte rápida.

Naggarith alzó sus brazos hacia el cielo, e invocó una nube negra. De ella salieron varios rayos púrpuras, que dieron en Kiei. El eslizón estaba agotado y dolorido. Pequeñas descargas eléctricas chispeaban en el cuerpo del eslizón.

-Ríndete ya, Kiei, nunca has podido derrotarme. Nunca has tenido la oportunidad.

Kiei estaba enfurecido. Tenía el orgullo tocado desde que perdió frente a Naggarith, tiempo atrás.

-Pues si he de morir...te llevaré conmigo.

Kiei empezó a rodearse de un aura oscura. Sus ojos se volvieron mas rojos de lo normal, y sus pupilas se esfumaron. Elevó sus brazos, y se rodeó de una burbuja oscura. Esta empezó a crecer, y rodeó también a Naggarith.

-¿Que has hecho, eslizón? -dijo naggarith, mientras veía, atemorizado, como sus armas empezaban a desintegrarse.

-Su nombre es Tae-geru. Es un antigua arte oscura, asociada a la magia negra. Es peligroso hacer uso de ella, debido a que ambos luchadores mueren.

-¿Que va a ocurrir?.

-Poco a poco esto irá cerrandose, y al final se colapsará. El final ya esta escrito, Naggarith.

-Maldito eslizón...

-Te veré en el infierno.

La burbuja se cerró por fin. Una pequeña onda expansiva salió alrededor, levantando el suelo del desierto.

Z\'loe observó el lugar en el que se había cerrado la burbuja, y comprendió lo que había ocurrido. El saurio giró su cabeza hacia las hordas oscuras, y rugió. Kiei había dado su vida por la causa, y el no pararía hasta recompensarle como se merecía, acabando de una vez por todas con el Caos.

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