Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 10
Todos los héroes se colocaron alrededor de los Slann. Z\'loe había recibido la orden de proteger a toda costa a los Slann mientras realizaban el plan que habían acordado tiempo atrás, antes de partir, y que posiblemente les llevaría a la muerte. Pero, por el bien de su mundo, debían hacerlo.
Los Slann comenzaron a radiar energía de su cuerpo. Unos luminosos rayos salían del cuerpo de los enormes hechiceros, a la vez que iban adelgazando poco a poco. Parecía como si estuvieran dando toda su energía. De repente, el dragón de Malekith, rey de los elfos oscuros, se postro frente a los Slann, dispuesto a lanzar una de sus mortales llamaradas. Afortunadamente, Kadal-gar, montado en Niq-gor, salió en la ayuda de sus señores, y se colocó delante de su enemigo.
-Kadal-gar -dijo Malekith- no oses interponerte entre yo y mi propósito.
-Pues me temo que hoy no es tu día de suerte.
-Que así sea, reza por la vida, saurio.
El dragón del rey brujo se lanzó con las garras abiertas hacia Niq-gor, que contestó con una llamarada. Ambas bestias se batían en duelo en el cielo, era como si estuvieran ausentes de la enorme batalla que se mostraba metros mas abajo. Los dragones escupieron de nuevo fuego, y ambas llamas chocaron, golpeando a las dos bestias, que cayeron al suelo. Malekith y Kadal-gar bajaron de sus monturas, y se dispusieron a darse muerte.
-Muestra tus armas, saurio -dijo el elfo.
Kadal-gar le lanzó una mirada amenazadora, y desenfundó dos espadas doradas. El rey brujo mostró su majestuosa espada, y ambos luchadores se colocaron en posición de ataque. Kadal-gar comenzó el enfretamiento, dirigiendose hacia Malekith. El saurio alzó sus espadas, pero el elfo golpeó el cuerpo de Kadal-gar con su espada. El lagarto se desplomó contra el suelo, apretando su armadura, un poco abollada, con su brazo. Malekith empezó a formar una esfera etérea en su mano izquierda, y se la lanzó a Kadal-gar, que paró el ataque con su brazo de oro. El saurio contraatacó con el mismo ataque, devolviendoselo a su enemigo, que lo contrarrestó con otro hechizo. Ambos conjuros chocaron entre si, intentando forzadamente destruir al otro. Finalmente, el ataque del rey brujo pudo con el de Kadal-gar, y el hechizo golpeó de lleno al saurio. Malekith se acercó a Kadal-gar, y alzando su espada, dijo:
-Muchas veces has interrumpido mis conquistas en Lustria, Kadal-gar, pero ahora, con el reinado del Caos, no podrás hacer nada contra mi... -rió Malekith- y con la victoria de los dioses oscuros, me alzaré por fin con Ulthuan.
-¿De verdad crees que te van a entregar Ulthuan? Tu y tus guerreros sois solo peones, cuando acabe esta guerra, os desturirán, y tu caerás.
-Pero antes caerás tu, Kadal-gar -Malekith elevó mas su espada, que empezó a rodearse de un humillo color rojo sangre.
Kadal-gar, antes de que el elfo le golpeara, agarró las piernas de su enemigo con su cola, y le hizo caer al suelo. El saurio cogió su tridente de su espalda, y rapidamente lo clavó en su rival. La sangre del elfo chorreaba de las tres punzantes heridas. Kadal-gar empuñó el arma de Malekith, la elevó, y dijo:
-Ahora caerás frente al arma que tantas muertes ha cosechado entre las razas de este mundo.
Kadal-gar dejó caer la espada sobre el cuello de Malekith, y la cabeza del elfo oscuro rodó por el desierto. El saurio la recogió y se la ató a la armadura, a modo de trofeo. Por fin, y tras mucho reinado de oscuridad y dolor, había caído el rey brujo.
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