Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 13
El impactante portal se encontraba flotando en el cielo. Radiaba una luz muy intensa, que fortaleció de alguna forma a los defensores de la luz.
-Asi que esto era lo que querían hacer los Slann...-dijo Kadal-gar, observando el vórtice.
-Se acabó el Caos -dijo Z\'loe.
-¿Que es eso? -dijo Lokgor asombrado.
-Eso, Lokgor, es lo que va a traer, por fin, la salvación -dijo Kadal-gar.
Archaon observaba el portal, a la vez que Be\'lakor se acercaba.
-Archaon, no podemos dejar que eso se termine de abrir.
-¿Porque, Be\'lakor? ¿que es eso?.
-Eso, Archaon, es el portal. Y no podemos permitir que lo que oculta en su interior entre en este mundo...de nuevo.
Be\'lakor se lanzó volando hacia el portal. Cuando iba a alcanzar su propósito, algo le retuvo. El enorme demonio observó que le estaba bloqueando, y vió a Nakai agarrandole de la cola.
-Apartate de mi camino, lagarto -rugió Be\'lakor.
-No acabarás con esto, esta vez no podréis salvaros.
-Maldito...suéltame, o acepta las consecuencias.
Be\'lakor golpeó a Nakai, que se desplomó sobre la arena del tétrico desierto.
-No permitiré que destruyas el portal...los Slann han dado su vida por conseguirlo.
-Que pena que vaya a ser en vano, Nakai. Nadie puede acabar con la oscuridad, ni con el Caos.
Be\'lakor alzó su espada, y golpeó a Nakai. El anciano Kroxigor dió una pequeña vuelta, esquivando el golpe. Nakai levantó su arma, y golpeó en el vientre al demonio.
-Varias veces has huido del Reino del Caos, y varias veces has conseguido volver -dijo Nakai- pero me ocuparé personalmente de acabar contigo.
-Siempre estaré presente, siempre volveré a por tu asquerosa raza.
Be\'lakor se lanzó volando hacia Nakai, y le golpeó con su cornamenta. El kroxigor cayó de nuevo al suelo, perdiendo su arma. El demonio la cogió del suelo.
-No pretendas luchar contra la oscuridad -dijo Be\'lakor- ni contra mi, mi poder es muy superior al tuyo.
El demonio alzó sus dos armas, y atacó a Nakai. Justo cuando iba a dar muerte al anciano Kroxigor, algó paró el ataque. Tras Be\'lakor estaba Teclis.
-Tu otra vez no...-dijo Teclis, observando con furia a Be\'lakor- ya acabé contigo en una ocasión.
-Nadie acaba con Be\'lakor -dijo el demonio.
-Puede que entre todos podamos acabar con tu vil existencia.
Be\'lakor observó a los lados. Estaba siendo rodeado poco a poco.
-El número no importa, solo importa el poder...y el oscuro es el mayor que existe.
Be\'lakor creó una onda expansiva, que golpeó a los presentes a su alrededor. Kroq-gar, a lomos de su carnosaurio Grymloq, se dirigió hacia el demonio, y le lanzó una pequeña esfera surgida de su mano izquierda. El proyectil golpeó en el pecho de Be\'lakor, causandole una pequeña herida. El demonio respondió lanzando una segunda esfera, de color negro, pero Z\'loe, que se encontraba cerca, bloqueó el ataque con un pequeño escudo. Be\'lakor se volvió hacia el saurio.
-O, venga, no me des la espalda.
Be\'lakor se volvió, y enfrente suyo tenía a Kadal-gar sobre Niq\'gor. El dragón lanzó una llamarada, que rodeo al demonio. Kadal-gar saltó de su montura, y, sacando su tridente, atacó a su oponente. El saurio clavó su arma de tres filos en el pecho del demonio. La sangre brotó de la bestia, que con un rugido de dolor, se quitó el tridente, clavado en su torso. Be\'lakor lanzó el arma al suelo, y se dirigió hacia sus oponentes.
-¿Acaso no veis que es inútil intentar detenerme? No podéis hacerme mas que pequeñas heridas sin importancia.
-Quizás, sean sin importancia -dijo Kadal-gar sonriendo- pero te hemos mantenido entretenido un buen rato...
-¿A que te refieres, saurio?.
-Se refiere...-Be\'lakor volvió de nuevo su vista- a que mientras tú estabas distraido con los ataques, nosotros nos preparabamos para acabar contigo.
Z\'loe se encontraba al fondo, con su alabarda alzada. Emitía un extraño brillo, nada propio de aquella arma. Tras Z\'loe, Teclis, Venetok, Tehenhauin, Balthasar Gelt, Yuruk y Tezpek, y varias personalidades de la magia estaban ofreciendo su poder para, entre los presentes, invocar tal conjuro que destruyera de una vez por todas al demonio. Por fin, el arma se descargó, y un brillante rayo con forma de dragón salió de su punta, dirigiendose a Be\'lakor. El demonio invocó un escudo, que chocó con el proyectil mágico de los hechiceros. Pero nada pudo contra la fuerza combinada del hechizo, y el escudo se resquebrajó poco a poco. Al fin, el hechizo logró pasar la defensa del ser oscuro, y golpeó de lleno a Be\'lakor. El conjuro fue rodeando poco a poco al demonio, y finalmente, tras un alarido de dolor, fulminó al demonio.
Teclis se acercó al lugar del impacto. En el suelo, tan solo estaba el arma de Be\'lakor y la de Nakai. El kroxigor se acercó al lugar, y recogió su fiel macana, y observando la espada del demonio, dijo:
-¿Que hacemos con esto?.
-Dejamelo a mí, me encargaré de que este arma jamás vuelva a ser empuñada -dijo Teclis.
El elfo invocó un hechizo que golpeó la espada. El arma se partió en tres partes, y un aura negra salió de su filo.
Tehenhauin volvió la mirada hacia el portal, que resplandecía en el cielo, y con un suspiro, dijo:
-Ya falta poco.
lunes, 1 de marzo de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 12

#1 · ▲Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 12
Los Slann se encontraban juntos, alrededor de un mismo punto, con los brazos alzados. Llevaban un buen rato emitiendo toda su energía al cielo, mientras que todos los aliados estaban protegiendolos del ataque del Caos. Muchos guerreros habían perdido la vida en el transcurso de esa guerra, pero no iban a detenerse. Z\'loe levantó su alabarda e hizo alzarse un pequeño muro de arena alrededor de los Slann, que no tardó en ser destruido. Kadal-gar, que estaba sobrevolando la guerra sobre su dragón, hizo que este lanzara una llamarada para crear un pequeño aro de fuego.
-¡Kadal-gar, hazle lanzar otra llama! -gritó Z\'loe.
Kadal-gar obedeció, y la bestia lanzó otra llamarada. Z\'loe alzó de nuevo su arma, y congeló el ataque. Tras esto, lo destrozó y lo convirtió en pequeñas cuchillas, que se lanzaron hacia los enemigos. Una lluvia de sangre saltó de los guerreros oscuros, que se desplomaron. De repente, un orco se lanzó a por Z\'loe. Justo cuando el piel-verde iba a golpear a Z\'loe, una flecha atravesó su oxidada armadura.
-Debes estar mas atento -dijo Saurzon.
Z\'loe no contestó. Se centró en repeler a sus enemigos.
Lokgor se encontraba sobre su gélido. Se dirigía hacia un pequeño grupo de guerreros que había, disipado, unos metros al norte. Justo cuando iba a llegar, algo se le puso delante. Un Juggernaut y su jinete se habían plantado frente al señor Salvaje.
-Vale, Lokgor, toca pensar -se dijo a si mismo el saurio.
Lokgor se hechó a correr. El Juggernaut comenzó a perseguirle. Lokgor siguió corriendo, intentando ganar tiempo para que se le ocurriera algo. Por fin, pensó en algo que podría sacarle del problema. Se dirigió a toda prisa hacia el lugar en el que se encontraban sus Salvajes, y se colocó frente a ellos, dirigiendose a su perseguidor. El Juggernaut se detuvo, y su jinete dijo:
-Deja de huir, saurio. Un guerrero no debe huir de su destino.
-No me hables de destino -dijo Lokgor, a la vez que alzaba su lanza y se la lanzaba a su rival. Un chorro de sangre salió del guerrero del Caos.
-¿Que pretendes hacerme con eso, saurio?.
-Yo nada, pero ellos mucho...
Un rugido salió de entre los Salvajes, y varios estegadones salvajes se giraron al oler la sangre de la herida. Las bestias se lanzaron a toda prisa, y embistieron al oscuro enemigo. Un alarido de dolor surgió de entre la matanza, y Lokgor, soltando una carcajada, dijo:
-Huy, se me escapó.
Lokgor soltó otra carcajada, y se unió a sus Salvajes a seguir luchando.
De repente, el suelo empezó a resquebrajarse. Kadal-gar observaba que todo venía del lugar en el que se encontraban los Slann. Estos estaban perdiendo poco a poco su piel y su carne, y se estaban consumiendo. Finalmente, unos enormes rayos de luz salieron de los cuerpos de los Slann, y sus tronos, con los hechiceros practicamente inertes, cayeron al suelo. Los rayos se unieron, y empezaron a expandirse. De repente, algo surgió en el cielo. Venetok, el chamán eslizón, observó el extraño vórtice, y no pudo creer lo que estaba viendo, algo que no presenciaba desde hacia milenios...
-¡Venetok, reacciona! -dijo Tehenhauin, que se encontraba a su lado.
-Observa, compañero, lo que tanto tiempo hemos aguardado.
-¿A que te refieres?.
Tehenhauin se volvió, y se quedó observando el vórtice. El anciano eslizón se quedó abrumado, no esperaba que volviera a ver aquello.
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 11

Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 11
Morathi se encontraba frente al cuerpo inerte de Malekith. Lloraba la muerte de su hijo, aunque en sus ojos no se podía ver tristeza, sino furia y odio hacia el que había acabado con la vida del rey brujo. Una sombra se colocó tras de la elfa, a la vez que esta se giraba hacia el misterioso personaje.
-Acaba con ellos, con todos y cada uno.
-No te preocupes, vengaré la muerte de mi padre, abuela.
La sombra se dirigió hacia el climax de la batalla, donde estaban todas las hordas oscuras y las de la luz, protegiendo a los Slann. De repente, algo se interpuso entre el elfo oscuro y su objetivo.
-Saludos, Naggarith -dijo el eslizón Kiei.
-¿Tu? Tu moristés, vi como el templo se derrumbaba contigo en él.
-Los ojos en ocasiones nos engañan, Naggarith. Por eso nunca se debe confiar en ellos.
-Entonces, ahora acabaré con lo que debí acabar hace mucho tiempo.
El elfo mostró su equipamiento. En los brazos, protegiéndole, los escudos del león negro, unos salvaguardias con los rostros de dos leones, uno en cada escudo. En sus manos, dos lanzas, que tantas muertes habían cosechado entre los hombres lagarto. Kiei desenfundó su espada, con el filo ensangrentado debido a la guerra en la que se encontraba.
-El peor morirá, y el mejor vivirá -dijo Naggarith.
El elfo se lanzó a por Kiei, que esquivó a su contrincante dando un salto. Naggarith se volvió, y lanzó una pequeña esfera negra de uno de sus escudos, que golpeó a Kiei. El eslizón contraatacó con unas pequeñas estrellas plateadas, propias de los asesinos, que se clavaron en la armadura de su rival. Naggarith mostró sus escudos. Los ojos de los leones empezaron a brillar, emitiendo un resplandor rojizo. Dos rayos salieron de las fauces de las bestias, que golpearon de lleno a Kiei. El eslizón se levantó. El ataque había dado en el hombro izquierdo, que sangraba a borbotones.
-Admitelo, Kiei, nunca podrás conmigo.
-Nunca menosprecies a un eslizón.
Naggarith sacó una espada de su vestimenta, y se lanzó a por Kiei. Ambos espadachines se vieron envueltos en un combate a vida o muerte. Kiei detuvo los golpes de Naggarith con su arma, y dió un salto. El eslizón giró sobre su enemigo, y, cuando se encontró tras el elfo, lanzó una pequeña esfera de su palma. Naggarith cayó al suelo.
-Has mejorado desde nuestro último combate -dijo el elfo, cogiendo algo de aliento.
-Aún no has visto nada.
-Tu si que no has visto nada, no oses asemejarte a mi poder. Fui engendrado por el rey brujo, y fui bendecido por Khaine. No puedes intentar siquiera compararte a mi.
-No obedezcas a un falso dios. Los únicos señores de este mundo son los Ancestrales.
-¿Los Ancestrales? Murieron, y nunca volverán, nada podrá corromper los planes del Caos, ni los de los Druchii.
-Procuraré ahorrarte el dolor de ver como tu raza cae. Ya ha caído tu padre, y el resto no tardará en hacerlo.
Kiei empezó a dar vueltas alrededor de su rival, a una velocidad a la que era practicamente inapreciable, y tan solo era posible percatarse de la presencia del eslizón debido al haz negro que dejaba tras de si. Naggarith cerró los ojos, concentrandose, y con una de sus lanzas, golpeó a Kiei. El eslizón cayó al suelo, exausto.
-No puedes compararte a mi, Kiei. Deja de intentarlo y permíteme darte una muerte rápida.
Naggarith alzó sus brazos hacia el cielo, e invocó una nube negra. De ella salieron varios rayos púrpuras, que dieron en Kiei. El eslizón estaba agotado y dolorido. Pequeñas descargas eléctricas chispeaban en el cuerpo del eslizón.
-Ríndete ya, Kiei, nunca has podido derrotarme. Nunca has tenido la oportunidad.
Kiei estaba enfurecido. Tenía el orgullo tocado desde que perdió frente a Naggarith, tiempo atrás.
-Pues si he de morir...te llevaré conmigo.
Kiei empezó a rodearse de un aura oscura. Sus ojos se volvieron mas rojos de lo normal, y sus pupilas se esfumaron. Elevó sus brazos, y se rodeó de una burbuja oscura. Esta empezó a crecer, y rodeó también a Naggarith.
-¿Que has hecho, eslizón? -dijo naggarith, mientras veía, atemorizado, como sus armas empezaban a desintegrarse.
-Su nombre es Tae-geru. Es un antigua arte oscura, asociada a la magia negra. Es peligroso hacer uso de ella, debido a que ambos luchadores mueren.
-¿Que va a ocurrir?.
-Poco a poco esto irá cerrandose, y al final se colapsará. El final ya esta escrito, Naggarith.
-Maldito eslizón...
-Te veré en el infierno.
La burbuja se cerró por fin. Una pequeña onda expansiva salió alrededor, levantando el suelo del desierto.
Z\'loe observó el lugar en el que se había cerrado la burbuja, y comprendió lo que había ocurrido. El saurio giró su cabeza hacia las hordas oscuras, y rugió. Kiei había dado su vida por la causa, y el no pararía hasta recompensarle como se merecía, acabando de una vez por todas con el Caos.
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 10
Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 10
Todos los héroes se colocaron alrededor de los Slann. Z\'loe había recibido la orden de proteger a toda costa a los Slann mientras realizaban el plan que habían acordado tiempo atrás, antes de partir, y que posiblemente les llevaría a la muerte. Pero, por el bien de su mundo, debían hacerlo.
Los Slann comenzaron a radiar energía de su cuerpo. Unos luminosos rayos salían del cuerpo de los enormes hechiceros, a la vez que iban adelgazando poco a poco. Parecía como si estuvieran dando toda su energía. De repente, el dragón de Malekith, rey de los elfos oscuros, se postro frente a los Slann, dispuesto a lanzar una de sus mortales llamaradas. Afortunadamente, Kadal-gar, montado en Niq-gor, salió en la ayuda de sus señores, y se colocó delante de su enemigo.
-Kadal-gar -dijo Malekith- no oses interponerte entre yo y mi propósito.
-Pues me temo que hoy no es tu día de suerte.
-Que así sea, reza por la vida, saurio.
El dragón del rey brujo se lanzó con las garras abiertas hacia Niq-gor, que contestó con una llamarada. Ambas bestias se batían en duelo en el cielo, era como si estuvieran ausentes de la enorme batalla que se mostraba metros mas abajo. Los dragones escupieron de nuevo fuego, y ambas llamas chocaron, golpeando a las dos bestias, que cayeron al suelo. Malekith y Kadal-gar bajaron de sus monturas, y se dispusieron a darse muerte.
-Muestra tus armas, saurio -dijo el elfo.
Kadal-gar le lanzó una mirada amenazadora, y desenfundó dos espadas doradas. El rey brujo mostró su majestuosa espada, y ambos luchadores se colocaron en posición de ataque. Kadal-gar comenzó el enfretamiento, dirigiendose hacia Malekith. El saurio alzó sus espadas, pero el elfo golpeó el cuerpo de Kadal-gar con su espada. El lagarto se desplomó contra el suelo, apretando su armadura, un poco abollada, con su brazo. Malekith empezó a formar una esfera etérea en su mano izquierda, y se la lanzó a Kadal-gar, que paró el ataque con su brazo de oro. El saurio contraatacó con el mismo ataque, devolviendoselo a su enemigo, que lo contrarrestó con otro hechizo. Ambos conjuros chocaron entre si, intentando forzadamente destruir al otro. Finalmente, el ataque del rey brujo pudo con el de Kadal-gar, y el hechizo golpeó de lleno al saurio. Malekith se acercó a Kadal-gar, y alzando su espada, dijo:
-Muchas veces has interrumpido mis conquistas en Lustria, Kadal-gar, pero ahora, con el reinado del Caos, no podrás hacer nada contra mi... -rió Malekith- y con la victoria de los dioses oscuros, me alzaré por fin con Ulthuan.
-¿De verdad crees que te van a entregar Ulthuan? Tu y tus guerreros sois solo peones, cuando acabe esta guerra, os desturirán, y tu caerás.
-Pero antes caerás tu, Kadal-gar -Malekith elevó mas su espada, que empezó a rodearse de un humillo color rojo sangre.
Kadal-gar, antes de que el elfo le golpeara, agarró las piernas de su enemigo con su cola, y le hizo caer al suelo. El saurio cogió su tridente de su espalda, y rapidamente lo clavó en su rival. La sangre del elfo chorreaba de las tres punzantes heridas. Kadal-gar empuñó el arma de Malekith, la elevó, y dijo:
-Ahora caerás frente al arma que tantas muertes ha cosechado entre las razas de este mundo.
Kadal-gar dejó caer la espada sobre el cuello de Malekith, y la cabeza del elfo oscuro rodó por el desierto. El saurio la recogió y se la ató a la armadura, a modo de trofeo. Por fin, y tras mucho reinado de oscuridad y dolor, había caído el rey brujo.
Todos los héroes se colocaron alrededor de los Slann. Z\'loe había recibido la orden de proteger a toda costa a los Slann mientras realizaban el plan que habían acordado tiempo atrás, antes de partir, y que posiblemente les llevaría a la muerte. Pero, por el bien de su mundo, debían hacerlo.
Los Slann comenzaron a radiar energía de su cuerpo. Unos luminosos rayos salían del cuerpo de los enormes hechiceros, a la vez que iban adelgazando poco a poco. Parecía como si estuvieran dando toda su energía. De repente, el dragón de Malekith, rey de los elfos oscuros, se postro frente a los Slann, dispuesto a lanzar una de sus mortales llamaradas. Afortunadamente, Kadal-gar, montado en Niq-gor, salió en la ayuda de sus señores, y se colocó delante de su enemigo.
-Kadal-gar -dijo Malekith- no oses interponerte entre yo y mi propósito.
-Pues me temo que hoy no es tu día de suerte.
-Que así sea, reza por la vida, saurio.
El dragón del rey brujo se lanzó con las garras abiertas hacia Niq-gor, que contestó con una llamarada. Ambas bestias se batían en duelo en el cielo, era como si estuvieran ausentes de la enorme batalla que se mostraba metros mas abajo. Los dragones escupieron de nuevo fuego, y ambas llamas chocaron, golpeando a las dos bestias, que cayeron al suelo. Malekith y Kadal-gar bajaron de sus monturas, y se dispusieron a darse muerte.
-Muestra tus armas, saurio -dijo el elfo.
Kadal-gar le lanzó una mirada amenazadora, y desenfundó dos espadas doradas. El rey brujo mostró su majestuosa espada, y ambos luchadores se colocaron en posición de ataque. Kadal-gar comenzó el enfretamiento, dirigiendose hacia Malekith. El saurio alzó sus espadas, pero el elfo golpeó el cuerpo de Kadal-gar con su espada. El lagarto se desplomó contra el suelo, apretando su armadura, un poco abollada, con su brazo. Malekith empezó a formar una esfera etérea en su mano izquierda, y se la lanzó a Kadal-gar, que paró el ataque con su brazo de oro. El saurio contraatacó con el mismo ataque, devolviendoselo a su enemigo, que lo contrarrestó con otro hechizo. Ambos conjuros chocaron entre si, intentando forzadamente destruir al otro. Finalmente, el ataque del rey brujo pudo con el de Kadal-gar, y el hechizo golpeó de lleno al saurio. Malekith se acercó a Kadal-gar, y alzando su espada, dijo:
-Muchas veces has interrumpido mis conquistas en Lustria, Kadal-gar, pero ahora, con el reinado del Caos, no podrás hacer nada contra mi... -rió Malekith- y con la victoria de los dioses oscuros, me alzaré por fin con Ulthuan.
-¿De verdad crees que te van a entregar Ulthuan? Tu y tus guerreros sois solo peones, cuando acabe esta guerra, os desturirán, y tu caerás.
-Pero antes caerás tu, Kadal-gar -Malekith elevó mas su espada, que empezó a rodearse de un humillo color rojo sangre.
Kadal-gar, antes de que el elfo le golpeara, agarró las piernas de su enemigo con su cola, y le hizo caer al suelo. El saurio cogió su tridente de su espalda, y rapidamente lo clavó en su rival. La sangre del elfo chorreaba de las tres punzantes heridas. Kadal-gar empuñó el arma de Malekith, la elevó, y dijo:
-Ahora caerás frente al arma que tantas muertes ha cosechado entre las razas de este mundo.
Kadal-gar dejó caer la espada sobre el cuello de Malekith, y la cabeza del elfo oscuro rodó por el desierto. El saurio la recogió y se la ató a la armadura, a modo de trofeo. Por fin, y tras mucho reinado de oscuridad y dolor, había caído el rey brujo.
jueves, 18 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 9

Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 9
-¿Que quieren destruirnos? -dijo Archaon soltando una carcajada- nadie puede detener al Caos.
-La información nos ha llegado desde la fortaleza de Karagrum.
-Ese enano...al menos, ¿habrán logrado acabar con esos lagartos, verdad?.
-Consiguieron huir, mi señor.
-¡Esto es inaceptable! -gritó Archaon- en fin, así les agarraré con mayor ansia en la guerra, y los asesinaré con mis propias manos.
-Hemos convencido a parte de los orcos de que colaboren con nosotros, esos pobres estúpidos...
-¿Orcos? ¿Orcos? ¿esque no recuerdas lo que me hizo ese tal Grimgor?.
-Les pierde el poder, quieren mas y mas, y cuanta mas carnaza puedan apalear, mejor. Usted, mi señor, simplemente guárdese las ganas, para que, cuando ese orco crea que esta desprotegido y a salvo... -el guerrero del Caos soltó una sonrisa siniestra.
-Bien, puedes retirarte.
El oscuro soldado se alejó, sumiendose en las sombras. Archaon se quedó pensativo, y de repente, escuchó una voz.
-Saludos, mi señor Khorne -dijo Archaon.
-Seré rápido, y poco venebolente, si nos fallas esta vez, sufrirás toda la eternidad, y jamás te daremos la muerte, por mas que la pidas.
-No volveré a fallar, señor.
-Eso espero. Porque, como acaben con nosotros y con el Caos, nosotros y el Caos acabaremos contigo.
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-Bien, soldados -dijo el cacique Mazdamundi- ha llegado la hora, es posible que muráis en esta guerra, pero pensad que será por el futuro del Gran Plan. Nos dirigimos a los desiertos del norte, al lugar donde habita gran parte del Caos. Posiblemente, ya esten esperándonos, preparados para la guerra con innumerables aliados.
La ciudad templo estaba abarrotada. Todos los grandes líderes, y todas las tropas de los Hombres Lagarto de la ciudad habían acudido para acompañar a su señor Mazdamundi hasta los desiertos. Iban a comenzar el viaje, que les llevaría hasta su salvación, o, por el contrario, hasta su perdición.
Llevaban días viajando, el camino era largo, pero cada vez quedaba menos para llegar a sus destinos. Todos los Slann estaban presentes entre las hordas de guerreros, asi como los altos elfos, los imperiales, los bretonianos, los elfos silvanos y los enanos. Era el mayor ejército visto jamás, y se dirigían a acabar con la mayor peste que había existido jamás.
Por fin, llegaron a los desiertos del Caos. Entre los lagartos, se pudo ver a Oxayotl, que estaba muy agitado al recordar ese lugar.
-Hemos llegado -dijo Kadal-gar, observando las dunas de aquel lugar.
-Da miedo solo de verlo, ¿e? -dijo Lokgor.
-El miedo es un sentimiento, y como tal, hay que erradicarlo -dijo Z'loe, que se acababa de sumar a la conversación.
-¿Porque se deben de erradicar? La furia, el odio...son tambien sentimientos, que pueden ser usados para la batalla -le recriminó Kadal-gar.
-Supongo que cada uno tiene una forma de verlo, ¿no? -dijo Lokgor.
-Supongo... -Z'loe se alejó, dirigiendose hacia su maestro Veotl.
-Que saurio mas raro -dijo Lokgor, riendose, mientras observó que Kadal-gar estaba muy serio- ¿que ocurre?.
-Hay alguien bajo nosotros -dijo el saurio, a la vez que emitía un rugido- si me disculpas, me voy a las alturas para ver bien el panorama.
El enorme dragón Niq-gor descendió del suelo, a la vez que su señor se subía en el. De repente, unos seres surgieron de las arenas, deformes y podridos, y empezaron a vomitar un fluido color verdoso. Al fondo, apareció el ejército oscuro, con Archaon a la cabeza.
-Tranquilos, la victoria esta asegurada, nadie puede derrotar al Caos -gritó Archaon.
El oscuro ejército se lanzó a por sus enemigos. Los lagartos y sus aliados se prepararon para recibir a las siniestras hordas. Nekailoq, el primer centauro, observó gustoso que entre el ejército rival, había Skavens, su carne predilecta a lo largo de sus muchos años de vida. El centauro se puso a correr hacia el Caos, con la lengua para fuera, y con su magnifica hacha alzada.
-¿Pero adonde va? -dijo el Cacique Nek-klax- ¡acompañadle, vamos! -gritó ordenando a sus tropas.
Los guerreros de Nek-klax se dirigieron hacia sus enemigos, custodiando a Nekailoq, aunque parecía que este no necesitaba mucha ayuda ante los Skavens.
-¡Ha llegado la hora de ejecutar el plan! -dijo el cacique Mazdamundi.
Todos los Slann se giraron, y se dirigieron hacia un mismo lugar.
-¿Que estan haciendo? -dijo Lokgor.
-Acercate a ellos, alrededor, y preparate para el fin del Caos.
Todos los héroes se juntaron alrededor de los Slann, que habían alzado sus manos, y estaban radiando tal energía, que los chamanes oscuros empezaron a retorcerse en el suelo de dolor.
lunes, 15 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 8

Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 8
-Bienvenido a mi hogar, Kiei -dijo Z\'loe observando a su acompañante. Habían terminado su travesía, tras convencer a los Enanos de que colaboraran en la guerra, había llegado la hora de prepararse para la gran batalla. Posiblemente morirían, pero lo harían para erradicar al Caos.
La enorme pirámide se alzaba en el centro de la ciudad templo. Z\'loe subió los escalones. En la puerta del templo superior, el guardia del templo Kuak-tehe, que siempre había protegido la entrada al templo, reconoció al instante a Z\'loe.
-Bienvenido, señor -dijo el guardia del templo, agachando su cabeza, y apartandose.
Z\'loe entró en la oscura sala, se oía una gotera caer en el suelo, y el ambiente era lúgubre. En el centro, descansaba el cuerpo terrenal del cacique Veotl. De repente, el cuerpo que parecía inerte del gran Slann empezó a emitir una pequeña luz, y la sala volvió al color que siempre tenía.
-Por fin has vuelto, aprendiz -dijo la profunda voz de Veotl.
-Saludos, mi maestro.
-Dime, ¿conseguiste convencer a los enanos?.
-En efecto, maestro. Fue algo complicado, me vi envuelto en una emboscada por parte de unos guerreros del Caos.
-¿Que? -la luz que radiaba el cuerpo de Veotl empezó a oscurecerse- ¿no tendrán constancia de nuestros planes?.
-Me temo que si, maestro.
-¿Y como la consiguieron, Z\'loe? -Veotl estaba enfurecido.
-La fortaleza enana a la que llegue estaba dominada por los Enanos del Caos. Informé a su líder creyendo que pertenecía a los nuestros.
-Fue una imprudencia por tu parte, Z\'loe, ahora conocen nuestros planes y opondrán mayor resistenica.
-Disculpeme, maestro -dijo el saurio, agachando la cabeza.
-Bueno, dejemos el tema durante un momento. Me han informado de que Mazdamundi ha conseguido la ayuda de los Centauros lagarto.
-Los Centauros son solo una leyenda, señor, nunca se ha probado su existencia.
-¿Vas a dudar de la palabra de Mazdamundi, Z\'loe?.
-En absoluto, nunca osaría.
-Bien. Prepara a todas las tropas de la ciudad, partiremos mañana.
-Esta bien, maestro.
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Mazdamundi observó a sus acompañantes. Había reunido a todos los líderes de Lustria para conocer la situación en la que estaban sus ejércitos.
-Bien, saludos a todos -dijo el anciano Slann.
-Saludos, lord Mazdamundi -dijo Saurzon, haciendo una reverencia.
-Saludos, señor -dijo Kadal-gar, señor de la orden.
-Saludos compadre -dijo Lokgor, soltando una carcajada.
Mazdamundi lanzó una mirada amenazante a Lokgor, que dejo de reirse al instante.
-Bien, os he reunido aqui para conocer el estado de vuestros ejércitos.
-Mis guerreros estan listos para la batalla, señor -dijo el eslizón Saurzon-, nos hemos preparado concienzudamente para esta batalla, y esperamos estar a la altura.
-La orden del gélido dorado esta lista, Mazdamundi -dijo Kadal-gar- tenemos listos todos los carros de guerra, y mis mejores luchadores ya estan listos.
-Bien, Kadal-gar, di a tus mejores aprendices que lideraran a nuestras hordas de saurios. Y tu, Lokgor, ¿que hay de tu ejército?.
-Mis tropas estan listas para destruir a golpe de puño y cola a todo el que se ponga por delante.
-Bien, bien. He hablado con Veotl, el cacique de las Tierras del Sur, sus tropas comenzarán el viaje mañana. Señores, esta guerra va a ser el mayor acontecimiento entre los Lagartos, será recordada para siempre entre los de sangre fría, y espero que no sea por una derrota. Es posible que muramos en el intento de acabar con el Caos, pero espero que no sea así. Bien, si no hay nada mas que hablar, nos veremos en el momento de la partida.
Los tres líderes salieron del templo de Mazdamundi. Este cerró los ojos, y su espíritu se elevó hasta entrar en contacto con el resto de Slann.
-Saludos, amigos. Seais bienvenidos. Os he reunido aqui para hablar de como cerrar el portal, para impedir que el Caos vuelva a entrar en nuestro mundo. Y creo que tengo un plan, pero, para realizarlo, debéis contestar a esta pregunta, ¿dispuestos a morir por el Gran Plan?.
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 7

#1 · ▲Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 7
Z\'loe no podía creer que delante suyo se encontrara Borimigram, el héroe enano que le había salvado la vida en aquella guerra y que creia muerto.
-¿Tu...tu eres Borimigram? -dijo Z\'loe.
-En efecto, ese enano al que has estado a punto de asesinar es el mismo que te salvó la vida.
-Pero...¿como es que te llaman Borgdrim?.
-¿No es evidente? Porque nadie sabe quién soy en realidad.
-¿Pero, porque?.
-Verás, fui enviado a espiar esta fortaleza, mis señores recibieron información acerca de que aqui dominaban los enanos del Caos.
-¿Cuanto llevas aqui?.
-Incontable tiempo, he reunido muchas pruebas que aseguran nuestras sospechas, y pronto partiré hacia mi hogar.
-Dices que aqui reina el Caos, entonces...
-Deben de dirigirse aqui para acabar contigo.
Unos temblores hicieron retumbar el pasillo, y un polvillo cayó sobre las cabezas de Z\'loe y Borimigram. Entonces, la puerta empezó a ceder a unos estremecedores golpes. El rústico portón cayó, y un enorme guerrero oscuro apareció. Este levantó su martillo, en posición amenazante, y golpeó la cama del enano, destrozandola. Z\'loe alzó su alabarda, que de tantos problemas le había sacado, y lanzó un rayo al siniestro visitante, que ni se inmutó.
-¡Tiene un escudo mágico! -gritó Borimigram.
Z\'loe pensó durante un rato, durante el poco tiempo del que disponía, y se lanzó con su mandíbula abierta hacia el cuello del guerrero del Caos. Un crujido resonó en la habitación, a la vez que el ensangrentado cuello del enemigo chorreaba en el suelo. Z\'loe corrió hacia el pasillo, con Borimigram a sus espaldas, y el hacha de este en su cinturón. Los dos corrieron por el pasillo, y tras ellos aparecieron un grupo de enanos del Caos. Z\'loe lanzó un hechizo, que hizo derrumbarse el techo del pasillo.
Al final del túnel había una luz, que indicaba que estaban acercándose a la salida. Detrás de ellos había una sombra, que se acercaba velozmente.
Borimigram y Z\'loe salieron de la fortaleza enana, y tras ellos apareció Kiei.
-¿Os olvidabais de mi, o que? -dijo el eslizón.
Z\'loe se subió a su trono y se encaminó apresurado a alejarse del lugar. Lanzó un conjuro de su arma, que derrumbó la entrada a la fortaleza de los barbas-largas. Cuando por fin estuvieron a salvo, Borimigram y Z\'loe se despidieron.
-Te ayudaré en tu guerra, Z\'loe, y conmigo estarán todos los enanos.
-Eso espero, viejo amigo.
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Las patas de Nekailoq se posaron sobre el suelo de la ciudad templo. Tras de si estaban Mazdamundi y sus guerreros y el resto de centauros. Los eslizones y los saurios de la ciudad observaron a Nekailoq, murmurando si lo que veían era real o simplemente una imaginación producida por algún tipo de magia malévola.
Mazdamundi indicó al primero de los centauros el camino hasta su templo, donde discutirían acerca de la guerra que se avecinaba.
-Verás, Slann, podría ofrecerte mi ayuda...o no. El caos nunca me ha producido ningún contratiempo, y no me importaría que lucharais o no contra el.
-Pero si se adueñan de Lustria, buscarían entre las junglas hasta encontraros, y eliminaros. Somos nosotros quién, de forma indirecta, os protegemos.
-Tal vez tengas razón, pero...¿que te parece si permitís a los de mi raza vivir entre vosotros? es un trato aceptable.
-Tendría que discutirlo con mis hermanos, es posible que no lo aceptarán.
-Creeme, Slann, si son tan sabios como dicen, lo aceptarán. Podría ser una gran ayuda entre tus tropas.
-Esta bien, conseguiré convencerles.
-Partiremos por la mañana, si no tienes nada en contra.
-Antes tendría que consultarlo, pero, cuanto antes partamos, mejor.
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 6

Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 6
-Z\'loe no conseguía dormir. El pensamiento acerca de Borimigram y su posible asesinato por parte de Borgdrim no le dejaba. Había conocido al héroe enano, durante una guerra, hace tanto tiempo... Borimigram había sido un excelente combatiente, y había salvado la vida de Z\'loe en varias ocasiones durante el transcurso de la batalla. Estaba decidido, tenía que saber que ocultaba el baúl de Borgdrim.
Z\'loe se levantó intentando no hacer ruido, aunque, estaba tan sumido en sus pensamientos, que no alcanzó a recordar el tamaño de la habitación, y se golpeó contra el duro techo de sus aposentos. El saurio salió al oscuro pasillo, que tan solo estaban alumbrados por unas antorchas en las paredes.
La puerta de Borgdrim se abrió, y el enano salió con un pico a sus hombros. Era el momento de descubrir el secreto del barbas-largas.
Z\'loe se agachó para entrar en la habitación. Se dirigió hacia el baúl. Un candado oxidado lo cerraba fuetemente. Z\'loe pronunció unas palabras, y de su dedo salió un pequeño disparo de luz, que desintegro del candado. Z\'loe abrió el baúl, y, frente a él, estaba lo que temía: el hacha de Borimigram. Z\'loe se quedó paralizado, observando el magistral arma del héroe enano. Un mango dorado, que no había sucumbido ante los años, con forma de dragón enrollado. Dos enormes cuchillas paralelas y plateadas, con grabados en el filo.
De repente, un ruido llamó la atención de Z\'loe. Borgdrim acababa de entrar en la habitación, con su anciano semblante.
-¿Que haces aquí? ¿Has osado abrir mi baúl? -dijo el enano, muy enfurecido.
-Así que esto escondías, el hacha de Borimigram.
-No tenías derecho a acercarte a mis pertenencias.
Borgdrim se lanzó a por Z\'loe, pero este, con la palma de su mano, invocó un hechizo que lanzó al enano contra la pared de la habitación.
-Tu lo asesinaste, ¿verdad, Borgdrim? -dijo Z\'loe acercándose al enano.
-¡Te equivocas!.
-¡Lo mataste, y por ello lloras cada vez que es nombrado, tu conciencia no te lo perdona! -Z\'loe estaba cada vez mas enfurecido.
-¡No, no lo maté! ¡Yo soy Borimigram!.
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Era una zona oscura, y muy calurosa a pesar del gélido día que hacía. Árboles de varios metros de altura ocultaban el lugar de la luz del sol. Mazdamundi observó el lugar, y recordó la última vez que había pisado esos lugares. El viaje había sido largo, sus súbditos le recomendaron que no fuera en persona para aligerar la travesía, pero Mazdamundi quería estar presente cuando encontraran a Nekailoq.
Mazdamundi y sus pequeñas tropas llegaron a unas ruinas. Dos esculturas de piedra representando a dos centauros con cuerpo de gélido, y torso de lagarto custodiaban la entrada. Una extraña bestia salió del interior del lugar, y alzó su maza de piedra, apuntando a Mazdamundi.
-¿Que es? -dijo uno de los acompañantes de Mazdamundi.
-Es un centauro lagarto.
-Un centauro lagarto, pero...¿no eran solo un mito?.
-Todo mito tiene su realidad.
El centauro observó al cacique, y emitió un rugido al aire. Varios centauros aparecieron, y, tras de ellos, el primero de todos.
Nekailoq se puso frente a Mazdamundi. El aspecto del primero de los centauros era muy distante al del resto, quizás porque tenía mas esencia de Bargo que el resto de sus súbditos.
-Tu -Nekailoq consiguió emitir una palabra, con una voz grave y resonante.
-Saludos Nekailoq -dijo Mazdamundi.
-Un Slann...¿os llaman así, cierto?.
-Cierto, me alegra el volver a verte.
-Queríais matarme, y te enviaron, como un simple lacayo a asesinarme.
-Pero no lo hice.
-Pura compasión, Slann. Si hubieras querido, me habrías acribillado ahí mismo. Yo era joven, pero mi memoria no esta dañada.
-Te equivocas, no fue por compasión. No acabé contigo porque supe que algún día te necesitaría a mi lado, y ese día ha llegado.
-Para que has venido, Slann.
domingo, 14 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 5

Antes que nada , diré que la totalidad de mi seguidores (osea , solo Marta XD) les a gustado la idea de que yo cuelgue alguna miniatura mía , asi que dentro de poco estarán colgadas ( entre ellas, la miniatura con la que gané el concurso, y este año , voy a presentarme otra vez , y ganar!!!)
Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 5
-Saludos, amigos -dijo el cacique Mazdamundi.
-Saludos, cacique Mazdamundi -el espiritu del cacique Veotl acababa de entrar en escena.
-Dinos, ¿para que nos has reunido? -dijo Nek-klax.
-Os he reunido, para hablar de Nekailoq.
-¿Un simple mito?. No es de nuestra incumbencia tratar esos temas tan impropios, ese ser fue exterminado por ti, Mazdamundi, en cuanto supimos de su existencia.
-Me temo te equivocas, Nek-klax. He de admitir, que durante este largo tiempo, os he ocultado la existencia de Nekailoq.
-¿Insinúas que sigue vivo? -Dijo Nek-klax enfurecido- eso no fue lo que acordamos, quedamos en que ese ser iba a morir, es un bargo, esta totalmente en contra del Gran Plan.
-No es un Bargo, sino un descendiente suyo. Los Bargos fueron creados y destruidos por nuestros ancestros, y no volvieron a pisar este mundo.
-Pero no has contestado, ¿porque no esta destruido?.
-Sentí que no debía hacerlo, que en algún momento a lo largo de la existencia serviría para acabar con un gran peligro. Y el gran peligro es el Caos.
-Pero, ¿que piensas hacer, Mazdamundi? ¿Pedir ayuda a ese ser?.
-Exacto.
-No me parece una mala idea -intervino Veotl, que llevaba un rato meditando, como ausente.
-Sois unos traidores al Gran Plan -dijo Nek-klax, muy enfurecido.
-No atrevas ni a insinuar eso, Nek-klax -dijo Mazdamundi, con un tono de voz mas elevado, a la vez que unas chispas salían de sus dedos- no somos traidores, y no oses acusar de ellos a alguien como yo, tu eres un Slann joven, arrogante, pero yo en cambio...
-No compares juventud con sabiduría. Por no ser tan anciano como tú, no tienes porque acusarme de ser arrogante.
-Amigos, por favor. Nos estamos alejando del tema principal -dijo Veotl.
-Cierto. Volviendo al tema principal, estoy mas que dispuesto a aceptar entre nuestras tropas a Nekailoq, aunque eso no te agrade, Nek-klax -dijo calmadamente Mazdamundi- tomaré a mis tropas y nos dirigiremos al interior de la jungla, al sitio donde lo vi por primera vez.
-Suerte, Mazdamundi -dijo Veotl.
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-Vamos, ya queda poco.
-Para ti es muy facil decirlo, vas sobre un trono, sin mover un solo dedo -dijo Kiei.
Z\'loe esbozó una pequeña sonrisa. Era la primera vez que Kiei veía sonreir a su acompañante. Quedaba poco para llegar a las tierras enanas, y cuando consiguieran la ayuda de los barbas-largas, volverían a la ciudad, donde Veotl les estaría esperando. Z\'loe ya estaba imaginando el momento de volver a su hogar, y devorar con ansias los alimentos que los eslizones le hubieran preparado, como ocurría cada vez que volvía de uno de sus viajes.
Por fin, llegaron frente a unas enormes montañas.
-Las montañas del fin del mundo -dijo Z\'loe, alzando la cabeza.
Kiei mandó a Cissailer y Despellejador observar el terreno antes de acercarse. Los dos eslizones dieron indicaciones de que habían encontrado una puerta subterránea. Z\'loe bajó de su trono, y le indicó al gélido que se mantuviese quieto a menos que hubiera algún peligro.
Era una gruta oscura, y pequeña para Z\'loe. Tuvo que agacharse para conseguir acceder por la siniestra senda, pero supuso que era normal, debido a que estaba hecha por y para enanos. Al fondo, observaron como una luz se acercaba. Un minero apareció, con un farolillo en la mano. Kiei lo vió y se lanzó a por él, y en unos segundos estaba tras el enano, amenazando con cortarle el cuello.
-¡Que haces Kiei, sueltale! -dijo alarmado Z\'loe.
-Mis disculpas, no suelo tener tratos amistosos.
Kiei soltó al enano, que se acarició el cuello, con los ojos llorosos.
-¿Quienes sois, y porque estáis aqui? -dijo el atemorizado enano. Era anciano, con una larga barba blanca que le caía cerca de los tobillos.
-Saludos, y por favor, no te atemorices. Mi nombre es Z\'loe, he venido desde muy lejos, y me gustaría hablar con tu lider.
El enano observó a Z\'loe, y de sus ojos brotaron unas pequeñas lagrimas.
-¿Que te ocurre, enano?.
-Nada importante, simplemente recuerdos...-el enano suspiró- bien, siganme.
El barbas-largas indicó por donde debían ir Kiei y Z\'loe, a la vez que se ofreció a acompañarles.
Llegaron a una enorme cavidad, en la que se encontraban varios enanos. Al fondo, una majestuosa edificación, que delataba el hogar del lider de esos enanos.
Z\'loe y Kiei llamaron a la puerta del edificio. Un joven enano abrió el antiguo portón, con unas runas escritas.
-Saludos, joven enano. Busco a tu líder, ¿me podrías llevar hasta él?.
-Por favor, sigame -el enano guió a Z\'loe hasta los aposentos de Burkgan, el líder de aquel grupo de enanos.
Burkgan era un anciano enano, con una barba pelirroja con algunas canas, y algunas arrugas en su rostro.
-Vaya, un saurio, hacia décadas que no veía uno.
-Saludos, señor enano, mi nombre es Z\'loe, y vengo a hablarle sobre lo que se avecina.
Z\'loe explicó a Burkgan el plan de los Caciques Slann.
-Z\'loe, si debemos ayudarte o no será decidido mañana, se ha hecho tarde.
-No tengo mucho tiempo, señor.
-Así se hará, Z\'loe. Borgdrim, por favor, acompaña a Z\'loe hasta sus aposentos.
De la sombra apareció el minero que antes había acompañado a Z\'loe y a Kiei hasta la ciudad.
-Saludos de nuevo, enano.
-Por favor, acompañeme.
Borgdrim acompañó a Z\'loe hasta sus aposentos. Era una pequeña habitación, de pocos metros de altura, lo que no gustó a Z\'loe, ya que debía dormir curvado. Sobre el cabezal de la cama, había un retrato de un enano.
-Vaya, pero si es Borimigram -exclamó Z\'loe.
-¿Lo conocíais, señor?.
-Un gran guerrero, coincidimos en una guerra, hace ya muchos años, quizás demasiados. ¿Donde esta ahora?.
-Murió, señor. Bueno, desapareció un día, y no se volvió a hablar de él. Borgdrim agachó la cabeza, y de nuevo sollozo un poco.
-¿Te ocurre algo, Borgdrim?.
-Como le he dicho antes, solo recuerdos, señor. Por favor, si me acompaña a mis aposentos, le daré algunos víveres para su estancia.
Z\'loe acompañó al enano, que le llevó hasta sus aposentos. Era una pequeña sala, muy sencilla, con una cama de hierro. Pero, algo extrañó a Z\'loe, había un enorme baúl al fondo. Cuando Z\'loe se acercó, e inentó abrirlo, el enano le llamó la atención.
-No se acerque señor, no es de su incumbencia su contenido -de repente, el enano se puso agresivo.
Z\'loe pasó la noche pensando en la reacción del enano respecto a Borimigram y el baúl. ¿Era posible, quizás, que Borgdrim asesinara al señor enano, guardara su poderosa hacha en el enorme baúl, y que ahora tuviera remordimientos?.
viernes, 12 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 4

-Se acerca nuestra partida -dijo el cacique Mazdamundi- he recibido un mensaje de Kadal-gar, viene en camino junto a Lokgor y sus tropas.
-Z\'loe acaba de visitar a los humanos -dijo el cacique Veotl- ha conseguido su colaboración para esta guerra, y ahora se dirige a intentar convencer a los enanos.
-No estoy seguro de que colaboren sabiendo que los Elfos estarán a nuestro lado -dijo el cacique Nek-klax.
-He de discrepar, Nek-klax -dijo Mazdamundi- creo que los enanos no se negarían a acabar con el Caos.
-Espero que tengas razón, Mazdamundi. Aún así, el ejército oscuro es poderoso, ¿y si perdemos?.
-Tenemos a los ancestrales de nuestro lado.
-Pero los dioses oscuros van a su favor, y su poder es superior al nuestro.
-Amigos, debemos confiar en nuestras posibilidades. Si acabamos con el Caos, podriamos llevar a cabo sin altercados el Gran Plan.
-Esta bien, amigos, hasta nuestra próxima reunión -se despidió Mazdamundi.
Mazdamundi volvió a su cuerpo. Pudo divisar una figura en la puerta del templo, una simple sombra que no tardó en hacer aparición.
-Saludos, mi señor -la sombra hizo una pequeña reverencia, y se acercó al Slann.
-Seas bienvenido, Saurzon. Supongo que estarás al tanto del plan que hemos concebido los Slann.
-En efecto, mi señor. He sido avisado, y he venido cuanto antes. Decidme que debo hacer, y lo haré.
-Prepara a tu ejército, Saurzon. Cuantos mas guerreros puedas conseguir, mas oportunidades tendremos en la guerra.
-De acuerdo, mi señor. Y si me permitís, si deseais mas posibilidades para la victoria, os aconsejo que penséis en aquella leyenda, que usted y yo sabemos que es real.
-No se, Saurzon, fui muy venebolente al permitirle vivir, debería haber acabado con él encuanto lo encontré.
-Pero no lo hizo, ya que supo que en un futuro lejano sería una ayuda.
-Pero, en nuestra civilización, es un mito, una historia que se cuenta a los recién desovados.
-Pero, si usted así lo desea, podría dejar de ser un mito, y convertirse en realidad.
-Tendré que meditarlo.
-Y espero que su decisión sea la acertada, mi señor -Saurzon hizo una segunda reverencia, y se alejó.
El Cacique se quedó pensando en medio de la sala del templo, ¿desvelar lo que, durante milenios, ha ocultado?. Podía ser una salvación en la gran guerra, pero recibiría desaprobación por parte del resto de Slann, para ellos, habría desobedecido el plan de los Ancestrales, pero esto no era visto de esta forma por Mazdamundi.
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-Dime, ¿alguna vez has hablado con un enano? -dijo Kiei, observando a Z\'loe.
-En alguna ocasión, he tenido que enviar mensajes a sus tierras.
-Yo aún recuerdo la conversación que tuve con uno de esos seres, hace años, ¿sabes lo que me dijo?.
-No, ¿que te dijo?.
-No pude entenderle, tenía la boca llena de carne y cerveza.
Kiei soltó una carcajada, pero Z\'loe ni se inmutó.
-¿Que te ocurre?.
-Estoy en una misión, no debo tomarmelo a broma.
Kiei miró durante un rato a Z\'loe, no entendía el porque de querer ser tan perfecto, supuso que eran dos almas muy diferentes.
Quedaba menos para llegar a las tierras enanas. Z\'loe no dejaba de pensar en el futuro, en lo que iba a ocurrir durante la guerra contra el Caos. Era muy posible que muriera durante el transcurso de la batalla, pero también era posible que sobreviviera, y se convirtiera en uno de los artifices en la destrucción del Caos. Sería venerado, no tanto como un Slann, pero si en gran medida. Por un instante, su mente fue atrapada y dominada por la arrogancia y la codicia, y pensó en que, si Veotl moría, el poder que adquiriría sería tan grande como para dominar sobre todos los saurios. Z\'loe quiso borrar ese pensamiento de su mente, agitando la cabeza hacia los lados.
-¿Conque pensando en traición, eh? -dijo Kiei, con una sonrisa malevola en su rostro.
-¿Como lo has sabido?.
-Z\'loe, he visitado muchos lugares, y he guardado en mi mente muchos poderes inimaginables. Al mirarte a los ojos, he podido ver lo que pasaba por tus pensamientos. ¿Acaso, estas pensando, en acabar con tu maestro para convertirte en el único salvador?.
-Locuras, solo locuras, jamás podría hacerle eso a mi maestro.
-La mente de un saurio es misteriosa, amigo mío -Kiei volvió a sonreir.
Unos arbustos se movieron, y de ellos salió una pequeña bestia. Kiei la observó durante un momento, acercó su mano a su cinturón, y se lanzó a toda velocidad contra la bestia. Un destello fugaz nubló la vista de Z\'loe, y al momento vió como Kiei se encontraba frente a la bestia. Esta rugió, y el eslizón dió un soplido. El ser se destrozó en pedazos. Kiei limpió su ensangrentada espada, y, con una mirada siniestra, dijo:
-Dime, ¿tienes hambre?.
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 3

Perdón por la tardanza , pero mis padres me han quitado el ordenador los dias de diario por la gran afluencia de suspensos XD. Lo que voy a acer en consecuendia es subir varias entradas al dia. venga , que ahi van, os doy otro trailer de regalo.
Frente a Z\'loe un portón se alzaba. Había llegado a Ulthuan, y, aunque parte de su camino había acabado, aún le quedaba un gran recorrido. Debía convencer a humanos y enanos para que lucharan junto a los lagartos para erradicar al Caos.
Un elfo salió de la fortaleza. Sus blancos ropajes tan solo eran eclipsados por la luz del sol, que radiaba aquel día. Sus cabellos eran rubios con tonos platino, y no parecía ir armado.
-Bienvenido, Z\'loe. Veotl nos avisó de tu llegada.
-Saludos. ¿Me podríais llevar ante Tyrion?.
-Os esta esperando en la sala principal.
Z\'loe se dispuso a entrar en el lugar. Bajó de su trono y ordenó a su gélido que siguiera al elfo que les había recibido.
La sala era blanca y muy luminosa, unos ventanales iluminaban el centro, donde se encontraba Tyrion. Este alzó un poco el rostro, observando a su invitado.
-Saludos, Z\'loe. Ha pasado mucho tiempo desde tu última visita.
-Saludos, y gracias por la bienvenida que me habéis preparado.
-Dejemonos de alagos, ¿de acuerdo?. Veotl me ha informado de lo que quieren hacer los Caciques. Si es necesario, y si eso ayuda para erradicar al Caos, ofreceré mi ayuda.
-Esperemos que, de una vez por todas, podamos acabar con los seres oscuros.
-Eso espero.
-Por cierto, tengo un último favor que pediros. Me temo que los bosques de Athel Loren estan lejanos, me gustaría que hablarais con los Silvanos, e intentarais convencerles de que nos ayudaran.
-Será complicado, Z\'loe. Es dificil que salgan de sus bosques, incluso para combatir con el Caos.
-Serían una gran ayuda en nuestra misión.
-Haré lo que pueda, pero no esperes buenos resultados.
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-Saludos amigos -dijo la áspera voz del Cacique Tuk-Mul.
-Seas bienvenido, Tuk-Mul -dijo el Cacique Veotl.
-Bien, estamos reunidos para decidir cuando comenzaremos nuestra misión -comenzó Mazdamundi- Veotl, ¿hay alguna noticia de tu aprendiz?.
-Acaba de salir de Ulthuan, y en estos momentos se dirige hacia las tierras de los humanos. Además, me ha informado de que a él se ha unido el Maestro de las sombras.
Los Slann empezaron a murmullar acerca de lo dicho por Veotl.
-Conque Kiei se ha unido a nuestro propósito. Me parece una acción loable por su parte -dijo el cacique Nek-klax.
-Loable, ¿loable? -dijo el Cacique Yunur-zae- te recuerdo que Kiei fue exiliado por traición. ¿No lo recuerdas?.
-Eso ocurrió hace tiempo. Además, desde su nacimiento, supimos que su forma de pensar no estaba acorde con la del resto de eslizones. Y tampoco se le puede llamar traición a lo que hizo. Fue simplemente una forma de sobrevivir.
-Te recuerdo que acabó con la vida de mi protegido, simplemente para aprovecharse de sus logros -dijo Yunur-zae.
-Nunca fue resuelto, Yunur-zae. No supimos que ocurrió de verdad, nos fue imposible leer su mente.
-Razón de mas para no confiar en ese eslizón, alguien que cierra su mente a sus señores.
-No podemos seguir juzgandolo. Nos ha ofrecido su ayuda, y toda colaboración es bienvenida.
-Aún así, no me parece correcto aceptarlo entre nuestras filas -refunfuñó Yunur-zae.
-En estos tiempos de guerra, el plan de los Ancestrales debe ser llevado cuanto antes, y si para ello debemos contar con la ayuda de Kiei, lo haremos -dijo Mazdamundi- Bien, amigos, volveremos a vernos muy pronto.
domingo, 7 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 2

Llega la segunda parte , y con ella os dejo el trailer de un juego de pc que ha salido hace relativamente poco , trata sobre warhammer , pero a lo fútbol americano XD. Aquí va
Z\'loe estaba cansado. No podía permitirse el descansar. Su misión era demasiado importante para ello, pero cada día que pasaba sentía que su cuerpo le pesaba mas, que su mente se entumecía, necesitaba, aunque fuera durante un momento, descansar. Observó su mapa, el camino que le quedaba no era demasiado, supuso que podría cubrirlo en el plazo que le había dado Veotl. Se dispuso a descansar, cuando de repente, una sombra pasó delante suyo. Z\'loe sabía a que ser correspondía, lo conocía en persona, y no creía encontrarlo en ninguno de sus viajes.
-Z\'loe -dijo una voz áspera- ¿es posible, quizás, que tenga ante mis ojos a Z\'loe?.
-En efecto, Kiei.
La sombra se detuvo. Frente a Z\'loe se encontraba Kiei, el maestro de las sombras.
-Vaya, vaya, no pensaba que volviera a verte nunca, Z\'loe -dijo el eslizón.
-Lo mismo digo, Kiei.
Kiei era un extraño eslizón. Sus ojos, de un rojo intenso, eran la seña de la insaciable sed de sangre que distinguía al maestro de las sombras. Portaba una fina espada, y en su rostro se podía distinguir una cicatriz. Kiei era un ser misterioso, meticuloso e inteligente, siempre sigiloso y sin remordimiento alguno: si debía matar a alguien, aunque fuese de los suyos, lo haría. Y siempre, por delante, su bien propio.
-Dime, ¿que haces por estos parajes, Z\'loe?.
-Una misión, Kiei.
Z\'loe explico a Kiei su enmienda. El eslizón escuchó atentamente el plan de los Slann, de acabar de una vez por todas con el caos.
-Dime, Kiei, ¿nos acompañaras en esta lucha?.
-Te acompañaremos, Z\'loe -dijo Kiei, a la vez que gritaba unos nombres al aire, que Z\'loe no llegó a percibir.
Al instante, otras dos sombras hicieron aparición.
-Z\'loe, te presento a mis aprendices, Despellejador y Cissailer. Bien, ¿adonde vamos?.
-Camino a Ulthuan.
El camino era corto, ya no quedaba mucho para llegar a Arabia, en la que cogerían un barco que llevaría hasta la isla de los elfos. Z\'loe había recorrido la misma senda tiempo atrás, y no había sido un trayecto tranquilo. Z\'loe esperaba que los Shaids ya hubieran desaparecido, pero nada era probable. Debían llegar lo antes posible a Ulthuan, no podían permitirse otra interrupción. De nuevo, Z\'loe pisaba aquella ciudad. Estaba envejecida, y medio derruida. Z\'loe giró su cabeza, buscando algún rastro de vida en aquel lugar. Tan solo encontró a un vagabundo, que yacía en el suelo.
-Tu, humano, ¿que ha ocurrido aqui?.-Hace unos años, los Shaid atacaron esta ciudad, y acabaron con todas las personas que pudieron.
-¿Y como es que tu sigues vivo, humano?.
-Logré ocultarme de los seres oscuros escondiendome en una tinaja de cerámica.
-Dime, ¿sabes como llegar al puerto sin ser detectados?.
-Dificil es, pero, si sois generosos conmigo, podría llevaros sin levantar sospechas.
-Que tu recompensa sea no morir, humano.
El vagabundo guió a Z\'loe hasta el puerto, durante el camino, preguntó que hacía un ser de sangre fría por esos lugares.
-No es de tu incumbencia, humano.
-Tan solo digamelo, para saciar la curiosidad de este pobre humano.
-Verás, humano, nos dirigimos hacia Ulthuan para conseguir la ayuda de los elfos. Estoy buscando todos los aliados posibles para acabar con la plaga oscura que nos asola desde hace tantos milenios.
-Interesante es tu misión, pero complicada. Bien, hemos llegado, ahi esta el barco que os llevará hasta Ulthuan.
-Gracias, humano.
Mientras Z\'loe se alejaba, el vagabundo se giró y se adentró en una casa derruida. Al fondo, un pequeño pasaje le llevó hasta a una sala en la que, sentados y reunidos, estaban los Shaids.
-Traigo la información que me pedisteis, mi señor. "Kiei, maestro de las sombras"
De la silla de cabecera se levantó uno de los Shaids. Tenía medio rostro destruido, y le faltaban dos dedos en la mano derecha.
-Se disponen a buscar aliados para acabar con los seres oscuros, mi señor.
El Shaid se volvió hacia una chimenea que tenía tras de sí. Con un murmullo, dijo:
-Por fin, acabaré con el saurio, mi venganza se verá cumplida.
-¿Cual es mi premio, señor? -dijo el vagabundo, frotandose las manos.
-Tu premio es...una muerte sin dolor.
El Shaid sacó un sable y degolló al vagabundo, que se retorcía de dolor en el suelo de la sala, mientras intentaba controlar los borbotones de sangre que salían de su cuello.
-Bueno, casi sin dolor.
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La puerta de la fortaleza se mostraba ante Kadal-gar, enorme y cochambrosa, justo como el noble saurio la recordaba. El portón empezó a abrirse, y frente él, apareció Lokgor, el anciano señor de Los Salvajes.
-¡Kadal-gar!-gritó el saurio.
-Saludos, Lokgor.
-Grata sorpresa la de tu presencia en estos lugares, hacia tiempo que no te veía. Dime, ¿que te ha hecho venir aqui?.
-De nuevo, vengo a pedirte ayuda, viejo amigo.
Kadal-gar explicó el plan de los caciques a Lokgor.
-Mmm, ¿así que necesitas de mi ayuda para erradicar al Caos? Tiene ejército muy poderoso y numeroso, no creo que tan solo con mi ayuda podáis acabar con el.
-No estarás tu solo, Lokgor. Los Slann han enviado a distintos emisarios ha buscar ayuda para la guerra que se avecina.
-Esta bien, Kadal-gar. Si eso es lo que deseas, me uniré a tu misión, pero si me prometes una cosa. Si muero en esa guerra, quiero que tu domines a Los Salvajes.
-Es una promesa, viejo amigo.
sábado, 6 de febrero de 2010
Luz contra Oscuridad: la Guerra de los Mil Ejércitos-parte 1

Aquí os dejo otro relato , pero antes aclaro unas cosas: el relato va sobre hombres lagarto , cuelgo una foto para que veais el aspecto( el rojo es un slann , y el resto son saurios) , y también que este relato va a ser muuuuy largo
Luz contra oscuridad: la guerra de los mil ejércitos-parte 1
-Ha llegado demasiado lejos -dijo el cacique Veotl.
-Compañeros, ninguno de nosotros contaba con la llegada del Caos a este mundo, pero así ocurrió. Y me temo que cada vez es mas dificil contenerlos, nos arrasan, a nosotros y a las otras razas. No podemos seguir permitiendo esto, ha llegado la hora de destruir al Caos.
-Eso ha sido intentado muchas veces, Cacique Mazdamundi, y hasta ahora no lo hemos conseguido.
-Pues es hora de hacerlo. Veotl, envía a tu aprendiz hacia todos los lugares en los que podamos encontrar aliados para acabar con el Caos. Y si nuestra enmienda no resulta satisfactoria, que almenos podamos purgar de este mundo al mayor número de guerreros oscuros.
-Que así sea. Enviaré a mi aprendiz a buscar a distintos aliados -dijo Veotl.
-Yo enviaré a Kadal-gar a buscar la ayuda de los lagartos de las montañas. Saludos, amigos, espero que pronto volvamos a conectar.
Veotl cortó la comunicación telepática. Su templo estaba oscuro, había llovido, y unas goteras saltaban al chocar con el escudo mágico que siempre protegía al anciano Slann.
-Digame, maestro, ¿que misión se me ha sido asignada esta vez? -dijo Z\'loe.
-Esta no es una misión cualquiera, mi aprendiz. Verás, los Slann hemos estado hablando. Ha llegado la hora de acabar de una vez por todas con la oscuridad que destruye el mundo que los ancestrales crearon. Tu misión es encontrar todos los aliados posibles para esta guerra.
-Asi lo haré, maestro.
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El sol relucía en el cielo. La luz iluminaba el anciano rostro de Mazdamundi, mientras se preparaba para entrar en comunicación telepática con Kadal-gar.
-Saludos, Mazdamundi -dijo la noble voz de Kadal-gar, en la que parecía los años no hacian estragos- ¿a que debo este honor?.
-Saludos, viejo amigo. Tengo una misión para ti.
Mazdamundi explicó el plan de los Slann a Kadal-gar.
-Impresionante, viejo amigo -dijo el saurio- veo que vuelves a necesitar de mis servicios para dirigirme ha las montañas.
-Tiempo ha pasado desde La guerra de la alianza, Kadal-gar, y la ayuda de Lokgor y sus secuaces nos ayudo contra los guerreros oscuros. Y, de nuevo, necesitamos de su ayuda. Espero que puedas conseguir su colaboración.
-No habrá ningún problema, viejo amigo.
Kadal-gar se dirigió hacia su también anciano dragón. Todo estaba preparado para el viaje. Cogió su armadura que tantas veces le había salvado la vida, y se dirigió a las montañas, de nuevo, a la tierra de Los Salvajes.
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Z\'loe se dirigía hacia Ulthuan para convencer a los Altos elfos de que prestaran su ayuda para erradicar a la plaga oscura llamada Caos. Llevaba unos días viajando, sin percances importantes, estaba siendo una travesía relativamente tranquila. Pero en su mente, un recuerdo le corroía, algo que no le dejaba centrarse en sus misiones...
Hace unos meses
-Saludos, maestro -dijo Z\'loe.
-Saludos, aprendiz.
-Digame, ¿para que me ha llamado esta vez?.
-Verás, Z\'loe, hay algo de lo que llevo tiempo queriendo hablarte...-Z\'loe notaba un comportamiento no habitual en Veotl, el que había sido su maestro desde su nacimiento- Escucha, Z\'loe. Soy anciano, me temo que mi tiempo se agota.
-Locuras, maestro.
-No, Z\'loe. Tu eres un saurio, no puedes comprenderlo. Tu no morirás, a menos que alguien acabe con tu existencia. En cambio, los Slann, si morimos a causa de la vejez. Llevo tiempo adiestrandote, enseñandote mis hechizos y conocimientos de este mundo. Pero, cuando mi vida acabe, te legaré mi alma, mi espiritú.
-No lo entiendo, maestro.
-Z\'loe, yo estaré en ti. No directamente, pero mis conocimientos pasarán a ti al instante. Por eso, quiero empezar a entrenarte mas duramente, es posible que mueras intentando contener mi poder.
Desde entonces, los entrenamientos habían sido mayores. Z\'loe había aprendido en estos ultimos meses cosas que ni se habría imaginado. Pero esto no era lo que mermaba su mente. A lo largo de su vida, Veotl se había convertido en su único ser cercano. ¿Era posible, quizás, que un saurio estuviera sintiendo? Z\'loe no estaba seguro, no sabía lo que era un sentimiento. Podía querer no perder a Veotl para que su vida, meticulosamente organizada, no se desmoronara por ningún lado. No estaba seguro. Por un rato, estos pensamientos lo mantuvieron entretenido a lo largo del viaje.
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Kadal-gar observaba desde las alturas Lustria. Estaba consternado, desde la última vez que había volado sobre esos parajes, todo había cambiado. Las selvas habían sido destruidas por el Caos. Kadal-gar recordaba como era todo antes del cataclismo, los hombres lagarto vivían tranquilos en Lustria, no solía haber guerras. Pero todo cambió, con la oscuridad llegó el Caos, y con él los hombres rata que habían acabado con tantos saurios a lo largo de su vil existencia. Una sensación recorrió el cuerpo de Kadal-gar, sintió ira en su interior, algo que no sentía desde....no lo recordaba. Siempre había sido lo contrario a los otros saurios, nunca se había dejado dominar por las emociones como ira, odio y furia. Siempre había tenido el cerebro por delante del corazón.
Al fondo se divisaban, por fin, las tierras de Los Salvajes. Hacia tiempo que no visitaba esos lugares, casi siempre mandaban a otro guerrero, a pesar de la buena relación que había entre Lokgor y Kadal-gar. Se dispuso ha aterrizar frente a la fortaleza de Los Salvajes.
Lokgor
viernes, 5 de febrero de 2010
Descansa en Paz

De repente, algo se escuchó en las alturas.
- ¡Cuidado! ¡Se encuentra en el tejado! ¡Disparad!- Dijo un soldado mientras cargaba su arco con una flecha.
En ese momento, una batería de proyectiles fueron en dirección a la oscura figura que se encontraba en el tejado del campanario de la iglesia. La figura se escondió en el campanario, esquivando todas las flechas disparadas.
Pasado un breve periodo de tiempo, salió al exterior de nuevo. Esta vez consiguieron observar la terrorífica silueta de la criatura: tenía forma humanoide, dotada de unas inmensas alas de color oscuro, y en su boca se podían observar unos incisivos enormes y afilados; sus ojos, de un tono rojizo, contrastaban con su blanquecina piel. El pelo caía por encima de su cara, ocultando parte del rostro, lo que le daba un toque más siniestro, aun si cabía, a la criatura. Sus huesudas manos tenían unas deformadas uñas afiladas. Sus pies forma de garra.
- ¡Cargad vuestros arcos! ¡Prepararos para disparar de nuevo! ¡Dis...!- Antes de terminar de dar la orden, un escalofrío recorrió su espalda al ver que la criatura alada tenía en sus manos un rehén.
- ¡Deteneros! ¡No disparéis! ¡Tiene un rehén!
En ese momento, aprovechando el descuido de los soldados, la criatura desplegó sus alas y, cogiendo al rehén entre sus brazos con gran fuerza, se dirigió hacia los escarpados acantilados de las tierras de Sylvania.
- ¿Habéis conseguido identificar a la bestia?- Preguntó el jefe de la guarnición de soldados de la Inquisición- Al parecer era Sagast Von Carstein... Parece que finalmente ha despertado...- Respondió uno de los soldados.
- Que Sigmar se apiade del alma de ese fiel...- Balbuceó el jefe de la guarnición. Y en ese momento, todas las unidades de dicha guarnición se santiguaron, y rezaron por el alma que estaba a punto de llegar a los brazos de Sigmar.
Más tarde, en una de las cuevas de los acantilados, Sagast lanzó al suelo a su víctima. Se acercó a ella y le dijo:
-Te espera la peor noche de tu vida. Serás mi alimento y diversión, mortal. Sufrirás y suplicarás que la muerte te lleve en sus fríos brazos- dijo Sagast sonriendo y mostrando sus afilados colmillos.
Acto seguido se lanzó sobre el cuello del rehén y este, antes de ser mordido, dio una patada a Sagast, haciéndole perder el equilibrio. En ese instante el rehén desveló su identidad:
-Valentine, señor de los cazadores de brujas, te saluda.
Cuando Sagast escuchó sus palabras, un raro sentimiento se apoderó de su cuerpo. Al parecer era aquello a lo que los mortales llamaban miedo. Sagast observó a Valentine de arriba a abajo. Iba cubierto con una túnica, que prácticamente le cubría todo el cuerpo.
De repente, Valentine se desprendió de su túnica, dando a relucir una elaborada armadura de cuero reforzado, llena de insignias y un puñado de estacas, al mismo tiempo que desenfundaba su pistola. Sin que Sagast tuviera tiempo a reaccionar, únicamente pudo mirar la cara del humano que le daría caza. Tenía una faz fornida llena de cicatrices, tapada en parte por un cuidado cabello de color cobrizo. Sus ojos azules se mezclaban con el bronceado color de su piel y llevaba una barba de varios días.
Valentine, sin ninguna vacilación, accionó su arma. El proyectil salió disparado y atravesó la cabeza de Sagast, entrando por la frente y saliendo por la nuca. El vampiro cayó al suelo gritando de dolor y maldiciendo al cazador de brujas y a sus antepasados. Sin perder tiempo, Valentine busco en su cinturón entre varias estacas, las cuales tenían distintas insignias.
-Ha llegado tu momento, Sagast Von Carstein, ¡que Sigmar se apiade de tu alma!- Dijo Valentine, lanzándose a la carrera sobre el cuerpo medio moribundo de su enemigo.
-¡Por Sigmar!
En el momento que el cazador de brujas dijo esas palabras, la estaca empezó a arder en llamas, y Valentine la clavó en el pecho de Sagast, agonizando este de dolor.
Valentine, ayudado por la culata de su pistola, clavó hasta el fondo la estaca en el corazón del vampiro. Pasados unos instantes, el cuerpo de Sagast permanecía inmóvil en el suelo. Y Valentine, cortándole la cabeza como prueba de que había realizado su trabajo, balbuceó:
-Descansa en paz.
lunes, 25 de enero de 2010
La carne es débil.
Lo primero , ya sé que no he terminado el relato de Syxel , necesito algo de tiempo . Segundo , a partir de ahora voy a crear nuevas entradas con menos frecuencia , porque no tengo tiempo . Bueno , os dejo con el relato.Han pasado tres días desde que se separaron del ejército que partió de Nuln a las órdenes del Emperador. A la cabeza del regimiento van dos sacerdotes. Los hombres están asustados. Hace horas que el músico dejó de improvisar a petición de algunos. Hace calor, el clima está cargado, húmedo. Sólo se oye el paso uniforme de los 30 soldados, su capitán y los dos sacerdotes. Uno de los sacerdotes se detiene, provocando que el resto del regimiento también detenga su paso.
- ¿Qué ocurre? pregunta el otro sacerdote.
- Deberíamos alejarnos del camino.
- ¿Estás seguro? - Nos arriesgamos a sufrir una emboscada, y no nos lo podemos permitir.
- Lo sé, pero hemos de dar una razón coherente a los soldados o descubrirán el plan. El capitán se acerca a los sacerdotes, indicando a los soldados que descansen. Los soldados echan armas y escudos al suelo y se estiran. Parecen ir de excursión, comentan, ríen, beben, revisan sus pertrechos.
- Señores, deberíamos movernos de un momento a otro. Las tropas enemigas pueden estar en cualquier parte. No podemos arriesgarnos, la misión es más importante que nuestra seguridad .dijo el capitán.
- Es cierto, capitán Witt. Estamos buscando una solución al riesgo que nos persigue. El ejército del Emperador no podrá contener las tropas del Caos sin la maza de Helstrum en las manos de Luthor Huss .Señaló el sacerdote a un martillo de un tono dorado apagado, con el mango de cuero, desgastado por el uso y el roce.
- Hermano Fontpère, ¿ha oído eso?
- Sí, hermano Clarence. ¡Soldados, a formar! - Déjeme a mí las órdenes, sacerdote .Replicó el capitán- ¡Reagrupaos! ¡Posiciones de defensa!
De pronto, el suelo comenzó a temblar. Los soldados, inquietos, empuñaron sus lanzas y miraban a todos lados. Alrededor sólo había unos cuantos matojos de zarzas resecas y dos álamos separados unos cinco metros entre sí. Un estruendoso grito femenino atravesó la llanura, los hombres miraron hacia arriba, no había nada. El día era estupendo, apenas había nubes, el cielo estaba azul y el sol apretaba vigorosamente, no obstante, un sudor frío comenzó a recorrer las espaldas de los hombres. Todos estaban inquietos, no dejaban de moverse. El capitán Witt cargó su pistola y se separó del grupo. Lentamente exploró el frente del regimiento. El suelo estaba firme no había nada sospechoso. Otro grito rompió en el cielo. ¿Qué es eso? ?se preguntan algunos hombres. Arpías, diablillas, algún engendro de Tzeentch, comentan entre susurros los más pícaros. Les gusta sembrar la incertidumbre entre ellos, les parece divertido, luego se arrepienten cuando sienten el frío acero atravesando sus estómagos. Los más miedosos piden silencio. Otro grito más estremeció a los soldados y escucharon el crujir de una rama, el regimiento entero dio media vuelta. Ante ellos un centenar de esqueletos y zombis se retorcían con la vista perdida en el infinito. ?¡Deponed las armas!? Gritó la estruendosa voz. ?¡Si os negáis, moriréis en el nombre de Mannfred von Carstein!? Pero el orgullo del Imperio siempre permanece. El sacerdote Clarence gritó ferozmente ?¡Por el Emperador!? y se lanzó contra las huestes de no muertos. Necios? No sabían lo que el destino les tenía preparado. Y así, cargaron los soldados, confiados, pensando ya en la victoria cuando aún no habían derrotado a ninguno de sus enemigos. El sacerdote cargó sobre un esqueleto, destruyó su cráneo con su martillo. Un lento movimiento de un zombi falló al intentar golpear al sacerdote con su garra. Decenas de brazos y extremidades se movían lentamente entre los zombis. Impredecibles e implacables avanzaban disimuladamente por el terreno. Los soldados cargaron furiosos sobre los zombis, clavando sus lanzas en sus pútridos cuerpos. Intentan avanzar contra los impasibles zombis. No retroceden. Los soldados se agolpan, empujan desde la retaguardia. Algunos maldicen esperando poder dar alguna que otra estocada y de pronto, cae el primero. Un soldado ha sido golpeado por un zombi. Nadie ha visto el golpe, arrastran el cuerpo atrás. En la retaguardia se mantiene impasible el sacerdote Fontpère, inexpresivo ante el encuentro. Se acerca al derribado y le toca la frente. Mientras, en primera línea, más soldados caen, algunos empiezan a tener miedo. Han visto la fuerza de los no muertos. Los lentos movimientos arrastran consigo cualquier cosa que se les ponga delante, nada puede parar la voluntad de los dioses oscuros. Han caído diez hombres más. Los implacables golpes de las podridas calaveras, los débiles esqueletos, balanceándose incesantemente de lado a lado hacen realidad los mitos de los que hablaban los ancianos, esas historias que todo el mundo toma por exageradas, ahora son realidad, incluso se quedan atrás de lo horripilante que resulta ver a tu compañero caer de un solo golpe, sangrar como nunca ha sangrado. Provocan hemorragias incesantes con solo un roce de su pútrida piel. Parece que su marcha persiste por muchos que caigan. Las filas de ambos bandos se han visto menguadas considerablemente en proporción a cada uno. Lo cierto es que sólo se mantienen en pie el capitán, cinco soldados y los dos sacerdotes. Fontpère sigue a la retaguardia, atendiendo a los heridos, sosteniendo sus almas por unos últimos instantes, protegiendo el secreto de su misión. El capitán lucha como si el mismo cielo le esperase tras las hordas de cadáveres andantes. Uno tras otro, acuchilla decenas de veces el mismo cuerpo, descuartizándolo, para así asegurarse de que no se pondrá en pie una vez más. Clava su espada en el cuello de un zombi, esquiva el mandoble de un esqueleto y contraataca con un cuchillo que guardaba en su cintura. Le ha cortado la médula espinal por la zona lumbar; el esqueleto ha caído al suelo, pero, aún así, sigue moviéndose, como si nada hubiera ocurrido, pero a pesar de ello, el capitán aplasta su cráneo contra el suelo con su bota y continúa acuchillando al zombi. El campo de batalla está repleto de extremidades arrancadas, algunos zombis están comiéndose los cuerpos de los soldados caídos y de sus propios camaradas no muertos. No hay distinción a la hora de comer en el país de las sombras. ¿¡Alto!? ?Gritó la estruendosa voz. Todos los zombis se quedaron quietos, como estatuas. No respiraban, no parpadeaban, solo segregaban corrosivos y viscosos fluidos que caían al suelo, pero no se inmutaban. Algunos soldados rematan a sus enemigos hasta que el capitán indica que paren. - Os estoy dando la oportunidad de sobrevivir. De poder contar esta historia a vuestros herederos. En vuestra mano está la respuesta. La voz se había calmado, pero seguía sonando amenazante. - ¿Qué es lo que quieres? ¿Quién eres? ¡Muéstrate! ?gritó el capitán desesperado. - Le noto inquieto, capitán Witt. Una extraña niebla inundó la escena. Apenas se podía ver. Comenzó a hacer un frío espantoso. Dos de los soldados cayeron al suelo temblando y gimiendo. Una figura se plantó delante del capitán. No se podía distinguir nada, ningún rasgo, sólo su silueta. Una figura alta y esbelta, de largo cabello y una extravagante armadura, con figuras y tallados extraños.
- ¡Póstrate ante el poder de los Condes Vampiro!?el capitán cayó de rodillas, su cara sólo podía expresar miedo, espanto, porque era lo único que podría sentir ante lo desconocido.- Hemos venido a por lo prometido. Queremos la reliquia.
- ¿Reliquia? ¿Qué reliquia? ?preguntó Clarence.
- La que portan sus hombres, triste mortal.
- No tenemos ninguna reliquia.
- Eso no es lo que me dice su compatriota .Soltó una carcajada profunda y estruendosa, sumida por el eco del vacío.- ¿Verdad hermano Fontpère?
- Sí, maestro. Lo prometido es deuda .Se acercó al vampiro y se arrodilló.
- ¡Traidor! Fontpère cogió el martillo y apretó la calavera que se encontraba en el centro y el martillo se abrió. En su interior había un pequeño paquete, el cual entregó al vampiro.
- Esto es todo, ahora, morid.
- ¡Espera! Detuvo Fontpère al vampiro sujetándolo.- ¿Qué hay de nuestro trato?
- Ah, sí. Ven conmigo, te esperan 100 años de letargo.
- Antes, acabemos con ellos, no deben comunicar lo ocurrido a sus superiores.
- Como quieras, te esperaré en el cementerio de Talabheim. En el nicho central. El traidor se acercó a Clarence. Acarició su desnuda cabeza y le susurró algo inaudible que cambió el gesto del sacerdote, ahora estaba furioso, sus ojos brillaban. Parecía empezar a adquirir poder de manos de los dioses, una oportunidad de salvarse aclaraba el cielo. Fontpère clavó en la nuca de su hermano la espada del capitán. Cayendo éste sobre el suelo, sangrando a borbotones. Cortó la cabeza del inmóvil capitán y fue ejecutando uno a uno a los cinco soldados que aún mostraban signos de vida. Con un paso lento, feliz, como quien pasea un domingo con su familia, se fue alejando de la escena de batalla. No había ni rastro de los zombis. Sólo cadáveres de soldados del imperio, mordidos, demacrados, descuartizados por las almas perdidas del infierno. La traición no se perdona en el Imperio. El mismísimo Emperador se encargará de castigar a los traidores, o eso es lo que pensaron los hombres que fueron testigos de tal cruel escena. Todas estas vidas, a cambio de la inmortalidad. Lo que no sabían ni el sacerdote Clarence, ni el capitán Witt, es que los caídos en combate fueron contagiados con la enfermedad de estos zombis. Lentamente, comenzaron a alzarse los cadáveres con el uniforme Imperial. Olían carne viva, carne que aún sangraba, y fueron a comerla, contagiando así, al resto del regimiento con la maldición eterna de la mano oscura de las sombras. Ahora deben de estar dirigiéndose al pueblo más cercano, en busca de comida, y es que para mantener una línea tan ideal como la suya, hace falta comer mucha carne, sobre todo carne humana.
martes, 19 de enero de 2010
Entre la Oscuridad y el Caos Parte 5

Jondalar no podía creer que su hermano estuviese hablando en serio. El joven que había crecido junto a él, cuyo único sueño durante su vida había sido convertirse en un asesino tan bueno como su padre, ahora quería abandonarlo todo por semejante estupidez.
-¿Actúas como un loco?¿Taff te ha dado algún golpe en la cabeza? - El mayor de los dos elfos miraba a su hermano con perplejidad.
-Puede, pero... ¿por que actuar como un loco, si... puedo serlo? - Los grisáceos ojos de Syxel, acordes con su plateada melena recogida en una coleta a la altura de la nuca que le bajaba por debajo de los hombros, le daban una imagen aterradora, ahora que por primera ves en su vida, su mirada era la de un... asesino.
-No podré convencerte, ¿verdad? - Jondalar se rindió, pues conocía de sobra la testarudez de su hermano - Al menos, déjame ayudarte.
-¿Como?
-¿Como piensas llegar al Viejo Mundo?¿nadando?
Por primera vez Syxel se paró a pensar, se sentó en la cama.
-Reúnete conmigo esta noche, creo que podré ayudarte.
-¿Donde?
-¿Recuerdas el puerto donde jugábamos de pequeños? te esperaré allí a medianoche.
-De acuerdo, gracias hermano - Syxel se dirigió a la ventana por la que había entrado y se dispuso a salir, pero antes se dio la vuelta - No le digas nada de esto a pa... al maestro Lutromin - y acto seguido se lanzó por la ventana.
Jondalar se apoyó en el alfeizar y pudo contemplar los más de doscientos metros de caída que separaban el ventanal del suelo del exterior, pero ni rastro de Syxel.
-Tal vez no sea tan mal asesino - se dijo a si mismo - supongo que sabrá cuidarse solo.
Al caer la noche Syxel se dirigió al encuentro con su hermano. Iba ataviado con una amplia túnica negra. Bajo esta llevaba una ligera armadura de acero negro, y en la cintura llevaba la espada de la familia. Esa espada tenía un gran valor simbólico, pues solo existía otra como esa en el mundo, y la tenía su hermano, a ambos se la había regalado Lutromin. La hoja de la espada solo tenía filo por uno de los cantos además de estar adornada con extrañas runas por toda la hoja y la empuñadura. También iba armado con toda clase de dagas y cuchillas escondidas por todo el cuerpo, y otra espada algo más corta en la parte trasera de su cinturón. A la espalda llevaba algo enorme envuelto en un gran manto.
Al fin dio la media noche y Jondalar llegó.
-Veo que has decidido llevarlo - dijo el mayor de los dos elfos, a la vez que señalaba el artefacto que Syxel llevaba envuelto en su espalda.
-Sí, supongo que me será útil.
-No entiendo como puedes usar semejante arma, tenemos otras mucho mejores. En cualquier caso, apresurémonos, debes irte. Hay un barco esperándote, zarpará de un momento a otro y tú serás quien lo dirija, una vez en el Viejo Mundo la tripulación te obedecerá pase lo que pase. Son los corsarios más leales que el dinero pueda comprar.
-¿Como has conseguido todo esto?
Jondalar saco de su bolsillo un medallón, que Syxel reconoció al instante.
-Veras, Malekith siempre a confiado mucho en el maestro Lutromin, y por ello la orden tiene derecho a reclutar soldados en caso de que sea necesario - explicó Jondalar.
-¿Le has robado el medallón a papá? - preguntó el joven asesino, sorprendido.
-No, me lo ha dado él, tras contarle lo ocurrido.
-Maldito, te dije que no le dijeras nada.
-Bueno, lo hecho hecho está. El caso es que se lo he contado y te ha ayudado.
-¿Sabe que si se enteran le matarán?
-Es totalmente consciente de ello, ahora, dejémonos de estupideces, debes partir ya.
-De acuerdo, gracias hermano, y dáselas también a papá.
Antes de que Syxel subiera al barco, Jondalar le interrumpió una última vez.
-Syxel, ¿sabes que cuando ese barco haya zarpado, se te considerará un traidor, y se dará la orden de darte muerte?
-Entonces... la próxima vez que nos veamos, seremos enemigos.
Sin más dilaciones, Syxel montó en el barco que le conduciría hasta su destino.
domingo, 17 de enero de 2010
Entre la Oscuridad y el Caos Parte 4

Syxel no creía lo que le acababan de decir, ¿de verdad sería el capaz de ir al reino del Caos?¿conseguiría el poder suficiente para derrotar a Archaon, el gran paladín? y una pregunta aún más intrigante ¿quién le favorecía?¿quién le había elegido? una batería de preguntas asaltaban la mente del asesino. Decidido por fin a hablar con alguien, saltó por la ventana. Asegurándose de que nadie le viera salir de la escuela. Se dirigió a hablar con su hermano.
Esquivando a un puñado de guardias consiguió colarse en la habitación de Jondalar, algo no muy difícil para un asesino. Su hermano no estaba en la habitación y decidió esperarle. Se sentó en una silla y echó un vistazo a unas hojas que había sobre la mesa. Apenas empezaba a leer oyó que el picaporte de la puerta giraba y esta comenzaba a abrirse. En la habitación entraron Jondalar y tres guardias.
-Decidle a Malekith que yo personalmente me encargaré del asunto.
-¡Sí señor! - dijo uno de los guardias.
Mientras el guardia respondía, Jondalar se fijó en que la ventana estaba abierta y el taburete no estaba debajo de la mesa. Algo que le extraño, pues el era muy riguroso a la hora de colocar sus cosas. Rápidamente comprendió la situación y dirigió una discreta mirada hacia arriba. Donde vio a Syxel encaramado entre dos de las vigas que sostenían el techo. Jondalar sonrió.
-Podéis marcharos - dijo al tiempo que señalaba la puerta.
Los tres guardias obedecieron y abandonaron la estancia. Jondalar miró a su hermano y le indicó que ya podía bajar.
-Esta vez me has pillado ¿eh? - dijo Syxel sonriente.
-No es muy difícil, eres un asesino pésimo - le respondió.
-Pues si yo siendo tan malo he conseguido entrar en tu habitación, creo que te sería difícil sobrevivir si alguien quisiese matarte.
-Precisamente por eso evito hacerme enemigos, no como tú y Taff. Ya me han dicho que habéis hecho buenas migas, ¿o me equivoco?
-Vaya, vaya, papá ya te ha ido con el cuento para que averigües como lo hice, ¿no es así?
-El maestro Lutromin me ha contado lo ocurrido hoy, pero solo por que yo le pedí que me mantuviera informado sobre tu aprendizaje.
-¿Sigues empeñado en llamarle así?
-Sabes que no le gusta que le llamemos papá.
-Querrás decir que no le gusta que YO le llame papá.
-Vamos Syxel, no empieces con eso otra vez.
-Esta bien, pero sabes que ese viejo decrépito siempre me ha tenido manía, esa vieja gloria siempre ha querido que sea como él. Pero cambiemos de tema, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Dispara
-Así que Malekith planea viajar personalmente al viejo mundo para...
-¿Como te has enterado de eso? - Preguntó Jondalar enfurecido. En ese momento se fijó en los papeles sobre su mesa y los recogió rápidamente.
-Tranquilo hermanito, no se lo diré a nadie.
-Más te vale. Pero bueno, ¿a que has venido?
-No te lo vas a creer - Syxel le contó a su hermano todo lo sucedido. Las apariciones de ese tal Expectrum y el otro ser. El colgante y su incremento de poder en la pela contra Taff, y también su misión de viajar al viejo mundo, al reino del caos y de derrotar a Archaon.
-Y... ¿que piensas hacer?
-¿No es obvio? - haré lo que me piden y me convertiré en el nuevo elegido de los dioses del Caos.
Entre la Oscuridad y el Caos Parte 3

-¿El talismán de que? - Syxel no daba crédito a lo que oía, ¿se estaría volviendo loco?
-Esto me saca de quicio, cada vez sois más inútiles. ¿Voy a tener que explicártelo todo?
-Bueno, te lo agradecería.
El extraño individuo indicó a Syxel que tomara asiento, e hizo lo propio.
-Veras, mi señor dice que tu serás el nuevo elegido. Hay algo en ti que le llama la atención. Y si mi señor te quiere trabajando para él - una breve pausa - te tendrá trabajando para él.
-Y dime, ¿quien es tu señor y que quiere exactamente de mí?
-Pues no puedo decirte quien es, pero si lo que quiere de ti. Quiere que seas su nuevo elegido, que abandones, la oscuridad.
-¿Que abandone la oscuridad?¿Acaso quiere que me una al bando de la luz o algo así? - Syxel soltó una grave carcajada.
-No entiendes nada, no todo es luz y oscuridad. Hay... otros bandos, bandos mejores.
-¿Y a que bando se supone que debo unirme?
-Al Caos.
Un silencio estremecedor inundó el ambiente. Syxel y la criatura se miraron y el joven elfo sonrió.
-La verdad es que no entiendo mucho de que va todo esto, pero dime, ¿obtendré poder?
El ser devolvió la sonrisa al asesino.
-Ese talismán es solo el comienzo, un pequeño obsequio, una muestra de lo que conseguirás. Y bien ¿qué decides?
-¿Qué debo hacer?
-Así me gusta. Lo primero te gustará, tienes que demostrar que eres el elegido. Deberás conseguir poder y utilizarlo para matarle.
-¿A quién?
-Supongo que habrás oído hablar del poderoso "Archaon, el señor de la destrucción, elegido de los dioses del caos", después de su derrota ante esos pieles verdes sin cerebro los dioses no están muy contentos con él, si le vences, conseguirás que te favorezcan a ti.
-¿Puedo saber algo?¿cual de los cuatro dioses es tu señor?¿cual de ellos me ha elegido?
-¿Como estas tan seguro de que mi señor es uno de los cuatro dioses del Caos? limítate a hacer lo que se te diga, y puede que en algún momento el se muestre ante ti. Debes partir hacia El Viejo Mundo cuanto antes, cuando llegues allí, Expectrum te dará instrucciones sobre como llegar... al reino del caos.
La figura desapareció y Syxel sonrió nuevamente.
Syxel
sábado, 16 de enero de 2010
Entre la Oscuridad y el Caos Parte 2

Syxel había seguido a Lutromin hasta sus aposentos, donde el maestro de asesinos le indicó que tomara asiento. Pero este, prefirió declinar la invitación.
-Veras, Syxel, hay algo que me inquieta - llevó su mano hasta un cuenco que se encontraba sobre la mesa y tomó una manzana rojiza. Le dio un par de vueltas y continuó hablando - como maestro de La Lágrima Oscura he de preocuparme por mis aprendices, nuestra reputación es algo que debemos mantener. Somos unas de las mejores órdenes de Khaine y el mismísimo Malekith ha requerido el servicio de nuestros asesinos durante décadas. Por tanto, si algo extraño sucede - dio un mordisco a la manzana - algo que pudiese manchar de algún modo nuestra reputación, yo debería saberlo, y prevenir que eso suceda. ¿Como es posible que hayas podido vencer a Taff?, el es un experto asesino al que yo mismo entrené hace años, y a ti no te he dado el entrenamiento necesario como para que pudieras vencerle, ni tan si quiera para que pudiese sobrevivir a un enfrentamiento contra él.
-Entonces, me estás diciendo que esperabas que muriese, ¿no es así? - Syxel sonrió. Parecía que quisiese burlarse de su maestro.
-Algo así - Lutromin desvió la mirada - pero el caso es que quisiera saber como lo has echo, hoy estabas, como decirlo... diferente.
Por un instante el joven elfo estuvo a punto de contar lo sucedido la noche anterior con aquel extraño ser y el talismán. Pero se contuvo y se limitó a decir que simplemente se había levantado con energía.
-¿Intentas burlarte de mí? - preguntó el maestro enfurecido.
-Nada más lejos de mis intenciones mi señor, si no le importa, estoy algo... agotado después del enfrentamiento, ¿puedo retirarme a descansar?
-Bueno... - meditó durante un momento - esta bien, pero si hay algo que debas contarme, estaré por aquí.
-De acuerdo, no dudes que lo haré... padre
-¡Te advertí que no me llamaras así de nuevo!, aquí no soy tu padre, sino tu maestro, y por consiguiente debes respetarme.
-Lo tendré en cuenta - Syxel salió corriendo de la habitación.
-Será posible - Lutromin dio un último mordisco a la manzana y la arrojo por una ventana.
Cuando Syxel llegó a su habitación se sentó en la cama y se quedo pensativo. ¿Qué diablos estaba ocurriendo?, decidió repasar los hechos desde el principio. Primero, en plena noche un ser extraño aparece en su habitación y le entrega un colgante, y al día siguiente el colgante aumente increíblemente su fuerza y habilidad durante un combate.
-Definitivamente, no se que ha pasado pero me gusta - se dijo a si mismo sonriente.
El joven asesino decidió ir a ver a Jondalar, su hermano mayor. Pero cuando se disponía ha salir, un escalofrío recorrió su cuerpo. El colgante retomó el tacto gélido y Syxel se dio la vuelta. Una nueva figura se apareció ante el. Aunque era totalmente diferente a la criatura de la otra noche, su mera presencia y el aura que le rodeaba le daban un toque caótico al ambiente.
-¿Así que tu eres el elegido no? vaya, me esperaba... otra cosa - un ser de aspecto humanoide con unas extremidades anormalmente largas se encontraba sentado en un pequeño taburete. Sus ojos poseían un extraño brillo amarillento.
-¿Quien... o que diablos eres?
Syxel parecía menos sorprendido que con la primera aparición.
-¿Yo? yo no soy nadie - el extraño ser rompió a reír - lo importante aquí es ¿quién eres tu?¿y quién llegarás a ser?
La figura chasqueó los dedos y desapareció. Syxel se dio la vuelta y lo vio nuevamente, esta vez apoyado en la puerta y con aire sonriente. Su escalofriante sonrisa bastaba para helar el corazón del asesino.
-Por lo visto, ya estás comenzando a familiarizarte con el colgante ¿me equivoco?
-¿Qué colgante? - intentó disimular el joven elfo.
-Vamos, no te hagas el loco, sabes a lo que me refiero - estiró su larga mano apuntando con el dedo índice al pecho de Syxel - hablo del colgante que te entregó Expectrum la otra noche, el Talismán del Destino.
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