
Syxel había seguido a Lutromin hasta sus aposentos, donde el maestro de asesinos le indicó que tomara asiento. Pero este, prefirió declinar la invitación.
-Veras, Syxel, hay algo que me inquieta - llevó su mano hasta un cuenco que se encontraba sobre la mesa y tomó una manzana rojiza. Le dio un par de vueltas y continuó hablando - como maestro de La Lágrima Oscura he de preocuparme por mis aprendices, nuestra reputación es algo que debemos mantener. Somos unas de las mejores órdenes de Khaine y el mismísimo Malekith ha requerido el servicio de nuestros asesinos durante décadas. Por tanto, si algo extraño sucede - dio un mordisco a la manzana - algo que pudiese manchar de algún modo nuestra reputación, yo debería saberlo, y prevenir que eso suceda. ¿Como es posible que hayas podido vencer a Taff?, el es un experto asesino al que yo mismo entrené hace años, y a ti no te he dado el entrenamiento necesario como para que pudieras vencerle, ni tan si quiera para que pudiese sobrevivir a un enfrentamiento contra él.
-Entonces, me estás diciendo que esperabas que muriese, ¿no es así? - Syxel sonrió. Parecía que quisiese burlarse de su maestro.
-Algo así - Lutromin desvió la mirada - pero el caso es que quisiera saber como lo has echo, hoy estabas, como decirlo... diferente.
Por un instante el joven elfo estuvo a punto de contar lo sucedido la noche anterior con aquel extraño ser y el talismán. Pero se contuvo y se limitó a decir que simplemente se había levantado con energía.
-¿Intentas burlarte de mí? - preguntó el maestro enfurecido.
-Nada más lejos de mis intenciones mi señor, si no le importa, estoy algo... agotado después del enfrentamiento, ¿puedo retirarme a descansar?
-Bueno... - meditó durante un momento - esta bien, pero si hay algo que debas contarme, estaré por aquí.
-De acuerdo, no dudes que lo haré... padre
-¡Te advertí que no me llamaras así de nuevo!, aquí no soy tu padre, sino tu maestro, y por consiguiente debes respetarme.
-Lo tendré en cuenta - Syxel salió corriendo de la habitación.
-Será posible - Lutromin dio un último mordisco a la manzana y la arrojo por una ventana.
Cuando Syxel llegó a su habitación se sentó en la cama y se quedo pensativo. ¿Qué diablos estaba ocurriendo?, decidió repasar los hechos desde el principio. Primero, en plena noche un ser extraño aparece en su habitación y le entrega un colgante, y al día siguiente el colgante aumente increíblemente su fuerza y habilidad durante un combate.
-Definitivamente, no se que ha pasado pero me gusta - se dijo a si mismo sonriente.
El joven asesino decidió ir a ver a Jondalar, su hermano mayor. Pero cuando se disponía ha salir, un escalofrío recorrió su cuerpo. El colgante retomó el tacto gélido y Syxel se dio la vuelta. Una nueva figura se apareció ante el. Aunque era totalmente diferente a la criatura de la otra noche, su mera presencia y el aura que le rodeaba le daban un toque caótico al ambiente.
-¿Así que tu eres el elegido no? vaya, me esperaba... otra cosa - un ser de aspecto humanoide con unas extremidades anormalmente largas se encontraba sentado en un pequeño taburete. Sus ojos poseían un extraño brillo amarillento.
-¿Quien... o que diablos eres?
Syxel parecía menos sorprendido que con la primera aparición.
-¿Yo? yo no soy nadie - el extraño ser rompió a reír - lo importante aquí es ¿quién eres tu?¿y quién llegarás a ser?
La figura chasqueó los dedos y desapareció. Syxel se dio la vuelta y lo vio nuevamente, esta vez apoyado en la puerta y con aire sonriente. Su escalofriante sonrisa bastaba para helar el corazón del asesino.
-Por lo visto, ya estás comenzando a familiarizarte con el colgante ¿me equivoco?
-¿Qué colgante? - intentó disimular el joven elfo.
-Vamos, no te hagas el loco, sabes a lo que me refiero - estiró su larga mano apuntando con el dedo índice al pecho de Syxel - hablo del colgante que te entregó Expectrum la otra noche, el Talismán del Destino.



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