MusicPlaylistRingtones
Create a playlist at MixPod.com


lunes, 25 de enero de 2010

La carne es débil.

Lo primero , ya sé que no he terminado el relato de Syxel , necesito algo de tiempo . Segundo , a partir de ahora voy a crear nuevas entradas con menos frecuencia , porque no tengo tiempo . Bueno , os dejo con el relato.

Han pasado tres días desde que se separaron del ejército que partió de Nuln a las órdenes del Emperador. A la cabeza del regimiento van dos sacerdotes. Los hombres están asustados. Hace horas que el músico dejó de improvisar a petición de algunos. Hace calor, el clima está cargado, húmedo. Sólo se oye el paso uniforme de los 30 soldados, su capitán y los dos sacerdotes. Uno de los sacerdotes se detiene, provocando que el resto del regimiento también detenga su paso.
- ¿Qué ocurre? pregunta el otro sacerdote.
- Deberíamos alejarnos del camino.
- ¿Estás seguro? - Nos arriesgamos a sufrir una emboscada, y no nos lo podemos permitir.
- Lo sé, pero hemos de dar una razón coherente a los soldados o descubrirán el plan. El capitán se acerca a los sacerdotes, indicando a los soldados que descansen. Los soldados echan armas y escudos al suelo y se estiran. Parecen ir de excursión, comentan, ríen, beben, revisan sus pertrechos.
- Señores, deberíamos movernos de un momento a otro. Las tropas enemigas pueden estar en cualquier parte. No podemos arriesgarnos, la misión es más importante que nuestra seguridad .dijo el capitán.
- Es cierto, capitán Witt. Estamos buscando una solución al riesgo que nos persigue. El ejército del Emperador no podrá contener las tropas del Caos sin la maza de Helstrum en las manos de Luthor Huss .Señaló el sacerdote a un martillo de un tono dorado apagado, con el mango de cuero, desgastado por el uso y el roce.
- Hermano Fontpère, ¿ha oído eso?
- Sí, hermano Clarence. ¡Soldados, a formar! - Déjeme a mí las órdenes, sacerdote .Replicó el capitán- ¡Reagrupaos! ¡Posiciones de defensa!
De pronto, el suelo comenzó a temblar. Los soldados, inquietos, empuñaron sus lanzas y miraban a todos lados. Alrededor sólo había unos cuantos matojos de zarzas resecas y dos álamos separados unos cinco metros entre sí. Un estruendoso grito femenino atravesó la llanura, los hombres miraron hacia arriba, no había nada. El día era estupendo, apenas había nubes, el cielo estaba azul y el sol apretaba vigorosamente, no obstante, un sudor frío comenzó a recorrer las espaldas de los hombres. Todos estaban inquietos, no dejaban de moverse. El capitán Witt cargó su pistola y se separó del grupo. Lentamente exploró el frente del regimiento. El suelo estaba firme no había nada sospechoso. Otro grito rompió en el cielo. ¿Qué es eso? ?se preguntan algunos hombres. Arpías, diablillas, algún engendro de Tzeentch, comentan entre susurros los más pícaros. Les gusta sembrar la incertidumbre entre ellos, les parece divertido, luego se arrepienten cuando sienten el frío acero atravesando sus estómagos. Los más miedosos piden silencio. Otro grito más estremeció a los soldados y escucharon el crujir de una rama, el regimiento entero dio media vuelta. Ante ellos un centenar de esqueletos y zombis se retorcían con la vista perdida en el infinito. ?¡Deponed las armas!? Gritó la estruendosa voz. ?¡Si os negáis, moriréis en el nombre de Mannfred von Carstein!? Pero el orgullo del Imperio siempre permanece. El sacerdote Clarence gritó ferozmente ?¡Por el Emperador!? y se lanzó contra las huestes de no muertos. Necios? No sabían lo que el destino les tenía preparado. Y así, cargaron los soldados, confiados, pensando ya en la victoria cuando aún no habían derrotado a ninguno de sus enemigos. El sacerdote cargó sobre un esqueleto, destruyó su cráneo con su martillo. Un lento movimiento de un zombi falló al intentar golpear al sacerdote con su garra. Decenas de brazos y extremidades se movían lentamente entre los zombis. Impredecibles e implacables avanzaban disimuladamente por el terreno. Los soldados cargaron furiosos sobre los zombis, clavando sus lanzas en sus pútridos cuerpos. Intentan avanzar contra los impasibles zombis. No retroceden. Los soldados se agolpan, empujan desde la retaguardia. Algunos maldicen esperando poder dar alguna que otra estocada y de pronto, cae el primero. Un soldado ha sido golpeado por un zombi. Nadie ha visto el golpe, arrastran el cuerpo atrás. En la retaguardia se mantiene impasible el sacerdote Fontpère, inexpresivo ante el encuentro. Se acerca al derribado y le toca la frente. Mientras, en primera línea, más soldados caen, algunos empiezan a tener miedo. Han visto la fuerza de los no muertos. Los lentos movimientos arrastran consigo cualquier cosa que se les ponga delante, nada puede parar la voluntad de los dioses oscuros. Han caído diez hombres más. Los implacables golpes de las podridas calaveras, los débiles esqueletos, balanceándose incesantemente de lado a lado hacen realidad los mitos de los que hablaban los ancianos, esas historias que todo el mundo toma por exageradas, ahora son realidad, incluso se quedan atrás de lo horripilante que resulta ver a tu compañero caer de un solo golpe, sangrar como nunca ha sangrado. Provocan hemorragias incesantes con solo un roce de su pútrida piel. Parece que su marcha persiste por muchos que caigan. Las filas de ambos bandos se han visto menguadas considerablemente en proporción a cada uno. Lo cierto es que sólo se mantienen en pie el capitán, cinco soldados y los dos sacerdotes. Fontpère sigue a la retaguardia, atendiendo a los heridos, sosteniendo sus almas por unos últimos instantes, protegiendo el secreto de su misión. El capitán lucha como si el mismo cielo le esperase tras las hordas de cadáveres andantes. Uno tras otro, acuchilla decenas de veces el mismo cuerpo, descuartizándolo, para así asegurarse de que no se pondrá en pie una vez más. Clava su espada en el cuello de un zombi, esquiva el mandoble de un esqueleto y contraataca con un cuchillo que guardaba en su cintura. Le ha cortado la médula espinal por la zona lumbar; el esqueleto ha caído al suelo, pero, aún así, sigue moviéndose, como si nada hubiera ocurrido, pero a pesar de ello, el capitán aplasta su cráneo contra el suelo con su bota y continúa acuchillando al zombi. El campo de batalla está repleto de extremidades arrancadas, algunos zombis están comiéndose los cuerpos de los soldados caídos y de sus propios camaradas no muertos. No hay distinción a la hora de comer en el país de las sombras. ¿¡Alto!? ?Gritó la estruendosa voz. Todos los zombis se quedaron quietos, como estatuas. No respiraban, no parpadeaban, solo segregaban corrosivos y viscosos fluidos que caían al suelo, pero no se inmutaban. Algunos soldados rematan a sus enemigos hasta que el capitán indica que paren. - Os estoy dando la oportunidad de sobrevivir. De poder contar esta historia a vuestros herederos. En vuestra mano está la respuesta. La voz se había calmado, pero seguía sonando amenazante. - ¿Qué es lo que quieres? ¿Quién eres? ¡Muéstrate! ?gritó el capitán desesperado. - Le noto inquieto, capitán Witt. Una extraña niebla inundó la escena. Apenas se podía ver. Comenzó a hacer un frío espantoso. Dos de los soldados cayeron al suelo temblando y gimiendo. Una figura se plantó delante del capitán. No se podía distinguir nada, ningún rasgo, sólo su silueta. Una figura alta y esbelta, de largo cabello y una extravagante armadura, con figuras y tallados extraños.
- ¡Póstrate ante el poder de los Condes Vampiro!?el capitán cayó de rodillas, su cara sólo podía expresar miedo, espanto, porque era lo único que podría sentir ante lo desconocido.- Hemos venido a por lo prometido. Queremos la reliquia.
- ¿Reliquia? ¿Qué reliquia? ?preguntó Clarence.
- La que portan sus hombres, triste mortal.
- No tenemos ninguna reliquia.
- Eso no es lo que me dice su compatriota .Soltó una carcajada profunda y estruendosa, sumida por el eco del vacío.- ¿Verdad hermano Fontpère?
- Sí, maestro. Lo prometido es deuda .Se acercó al vampiro y se arrodilló.
- ¡Traidor! Fontpère cogió el martillo y apretó la calavera que se encontraba en el centro y el martillo se abrió. En su interior había un pequeño paquete, el cual entregó al vampiro.
- Esto es todo, ahora, morid.
- ¡Espera! Detuvo Fontpère al vampiro sujetándolo.- ¿Qué hay de nuestro trato?
- Ah, sí. Ven conmigo, te esperan 100 años de letargo.
- Antes, acabemos con ellos, no deben comunicar lo ocurrido a sus superiores.
- Como quieras, te esperaré en el cementerio de Talabheim. En el nicho central. El traidor se acercó a Clarence. Acarició su desnuda cabeza y le susurró algo inaudible que cambió el gesto del sacerdote, ahora estaba furioso, sus ojos brillaban. Parecía empezar a adquirir poder de manos de los dioses, una oportunidad de salvarse aclaraba el cielo. Fontpère clavó en la nuca de su hermano la espada del capitán. Cayendo éste sobre el suelo, sangrando a borbotones. Cortó la cabeza del inmóvil capitán y fue ejecutando uno a uno a los cinco soldados que aún mostraban signos de vida. Con un paso lento, feliz, como quien pasea un domingo con su familia, se fue alejando de la escena de batalla. No había ni rastro de los zombis. Sólo cadáveres de soldados del imperio, mordidos, demacrados, descuartizados por las almas perdidas del infierno. La traición no se perdona en el Imperio. El mismísimo Emperador se encargará de castigar a los traidores, o eso es lo que pensaron los hombres que fueron testigos de tal cruel escena. Todas estas vidas, a cambio de la inmortalidad. Lo que no sabían ni el sacerdote Clarence, ni el capitán Witt, es que los caídos en combate fueron contagiados con la enfermedad de estos zombis. Lentamente, comenzaron a alzarse los cadáveres con el uniforme Imperial. Olían carne viva, carne que aún sangraba, y fueron a comerla, contagiando así, al resto del regimiento con la maldición eterna de la mano oscura de las sombras. Ahora deben de estar dirigiéndose al pueblo más cercano, en busca de comida, y es que para mantener una línea tan ideal como la suya, hace falta comer mucha carne, sobre todo carne humana.



martes, 19 de enero de 2010

Entre la Oscuridad y el Caos Parte 5


Jondalar no podía creer que su hermano estuviese hablando en serio. El joven que había crecido junto a él, cuyo único sueño durante su vida había sido convertirse en un asesino tan bueno como su padre, ahora quería abandonarlo todo por semejante estupidez.

-¿Actúas como un loco?¿Taff te ha dado algún golpe en la cabeza? - El mayor de los dos elfos miraba a su hermano con perplejidad.

-Puede, pero... ¿por que actuar como un loco, si... puedo serlo? - Los grisáceos ojos de Syxel, acordes con su plateada melena recogida en una coleta a la altura de la nuca que le bajaba por debajo de los hombros, le daban una imagen aterradora, ahora que por primera ves en su vida, su mirada era la de un... asesino.

-No podré convencerte, ¿verdad? - Jondalar se rindió, pues conocía de sobra la testarudez de su hermano - Al menos, déjame ayudarte.

-¿Como?

-¿Como piensas llegar al Viejo Mundo?¿nadando?

Por primera vez Syxel se paró a pensar, se sentó en la cama.

-Reúnete conmigo esta noche, creo que podré ayudarte.

-¿Donde?

-¿Recuerdas el puerto donde jugábamos de pequeños? te esperaré allí a medianoche.

-De acuerdo, gracias hermano - Syxel se dirigió a la ventana por la que había entrado y se dispuso a salir, pero antes se dio la vuelta - No le digas nada de esto a pa... al maestro Lutromin - y acto seguido se lanzó por la ventana.

Jondalar se apoyó en el alfeizar y pudo contemplar los más de doscientos metros de caída que separaban el ventanal del suelo del exterior, pero ni rastro de Syxel.

-Tal vez no sea tan mal asesino - se dijo a si mismo - supongo que sabrá cuidarse solo.







Al caer la noche Syxel se dirigió al encuentro con su hermano. Iba ataviado con una amplia túnica negra. Bajo esta llevaba una ligera armadura de acero negro, y en la cintura llevaba la espada de la familia. Esa espada tenía un gran valor simbólico, pues solo existía otra como esa en el mundo, y la tenía su hermano, a ambos se la había regalado Lutromin. La hoja de la espada solo tenía filo por uno de los cantos además de estar adornada con extrañas runas por toda la hoja y la empuñadura. También iba armado con toda clase de dagas y cuchillas escondidas por todo el cuerpo, y otra espada algo más corta en la parte trasera de su cinturón. A la espalda llevaba algo enorme envuelto en un gran manto.

Al fin dio la media noche y Jondalar llegó.

-Veo que has decidido llevarlo - dijo el mayor de los dos elfos, a la vez que señalaba el artefacto que Syxel llevaba envuelto en su espalda.

-Sí, supongo que me será útil.

-No entiendo como puedes usar semejante arma, tenemos otras mucho mejores. En cualquier caso, apresurémonos, debes irte. Hay un barco esperándote, zarpará de un momento a otro y tú serás quien lo dirija, una vez en el Viejo Mundo la tripulación te obedecerá pase lo que pase. Son los corsarios más leales que el dinero pueda comprar.

-¿Como has conseguido todo esto?

Jondalar saco de su bolsillo un medallón, que Syxel reconoció al instante.

-Veras, Malekith siempre a confiado mucho en el maestro Lutromin, y por ello la orden tiene derecho a reclutar soldados en caso de que sea necesario - explicó Jondalar.

-¿Le has robado el medallón a papá? - preguntó el joven asesino, sorprendido.

-No, me lo ha dado él, tras contarle lo ocurrido.

-Maldito, te dije que no le dijeras nada.

-Bueno, lo hecho hecho está. El caso es que se lo he contado y te ha ayudado.

-¿Sabe que si se enteran le matarán?

-Es totalmente consciente de ello, ahora, dejémonos de estupideces, debes partir ya.

-De acuerdo, gracias hermano, y dáselas también a papá.

Antes de que Syxel subiera al barco, Jondalar le interrumpió una última vez.

-Syxel, ¿sabes que cuando ese barco haya zarpado, se te considerará un traidor, y se dará la orden de darte muerte?

-Entonces... la próxima vez que nos veamos, seremos enemigos.

Sin más dilaciones, Syxel montó en el barco que le conduciría hasta su destino.

domingo, 17 de enero de 2010

Entre la Oscuridad y el Caos Parte 4


Syxel no creía lo que le acababan de decir, ¿de verdad sería el capaz de ir al reino del Caos?¿conseguiría el poder suficiente para derrotar a Archaon, el gran paladín? y una pregunta aún más intrigante ¿quién le favorecía?¿quién le había elegido? una batería de preguntas asaltaban la mente del asesino. Decidido por fin a hablar con alguien, saltó por la ventana. Asegurándose de que nadie le viera salir de la escuela. Se dirigió a hablar con su hermano.

Esquivando a un puñado de guardias consiguió colarse en la habitación de Jondalar, algo no muy difícil para un asesino. Su hermano no estaba en la habitación y decidió esperarle. Se sentó en una silla y echó un vistazo a unas hojas que había sobre la mesa. Apenas empezaba a leer oyó que el picaporte de la puerta giraba y esta comenzaba a abrirse. En la habitación entraron Jondalar y tres guardias.

-Decidle a Malekith que yo personalmente me encargaré del asunto.

-¡Sí señor! - dijo uno de los guardias.

Mientras el guardia respondía, Jondalar se fijó en que la ventana estaba abierta y el taburete no estaba debajo de la mesa. Algo que le extraño, pues el era muy riguroso a la hora de colocar sus cosas. Rápidamente comprendió la situación y dirigió una discreta mirada hacia arriba. Donde vio a Syxel encaramado entre dos de las vigas que sostenían el techo. Jondalar sonrió.

-Podéis marcharos - dijo al tiempo que señalaba la puerta.

Los tres guardias obedecieron y abandonaron la estancia. Jondalar miró a su hermano y le indicó que ya podía bajar.

-Esta vez me has pillado ¿eh? - dijo Syxel sonriente.

-No es muy difícil, eres un asesino pésimo - le respondió.

-Pues si yo siendo tan malo he conseguido entrar en tu habitación, creo que te sería difícil sobrevivir si alguien quisiese matarte.

-Precisamente por eso evito hacerme enemigos, no como tú y Taff. Ya me han dicho que habéis hecho buenas migas, ¿o me equivoco?

-Vaya, vaya, papá ya te ha ido con el cuento para que averigües como lo hice, ¿no es así?

-El maestro Lutromin me ha contado lo ocurrido hoy, pero solo por que yo le pedí que me mantuviera informado sobre tu aprendizaje.

-¿Sigues empeñado en llamarle así?

-Sabes que no le gusta que le llamemos papá.

-Querrás decir que no le gusta que YO le llame papá.

-Vamos Syxel, no empieces con eso otra vez.

-Esta bien, pero sabes que ese viejo decrépito siempre me ha tenido manía, esa vieja gloria siempre ha querido que sea como él. Pero cambiemos de tema, ¿puedo hacerte una pregunta?

-Dispara

-Así que Malekith planea viajar personalmente al viejo mundo para...

-¿Como te has enterado de eso? - Preguntó Jondalar enfurecido. En ese momento se fijó en los papeles sobre su mesa y los recogió rápidamente.

-Tranquilo hermanito, no se lo diré a nadie.

-Más te vale. Pero bueno, ¿a que has venido?

-No te lo vas a creer - Syxel le contó a su hermano todo lo sucedido. Las apariciones de ese tal Expectrum y el otro ser. El colgante y su incremento de poder en la pela contra Taff, y también su misión de viajar al viejo mundo, al reino del caos y de derrotar a Archaon.

-Y... ¿que piensas hacer?

-¿No es obvio? - haré lo que me piden y me convertiré en el nuevo elegido de los dioses del Caos.

Entre la Oscuridad y el Caos Parte 3


-¿El talismán de que? - Syxel no daba crédito a lo que oía, ¿se estaría volviendo loco?

-Esto me saca de quicio, cada vez sois más inútiles. ¿Voy a tener que explicártelo todo?

-Bueno, te lo agradecería.

El extraño individuo indicó a Syxel que tomara asiento, e hizo lo propio.

-Veras, mi señor dice que tu serás el nuevo elegido. Hay algo en ti que le llama la atención. Y si mi señor te quiere trabajando para él - una breve pausa - te tendrá trabajando para él.

-Y dime, ¿quien es tu señor y que quiere exactamente de mí?

-Pues no puedo decirte quien es, pero si lo que quiere de ti. Quiere que seas su nuevo elegido, que abandones, la oscuridad.

-¿Que abandone la oscuridad?¿Acaso quiere que me una al bando de la luz o algo así? - Syxel soltó una grave carcajada.

-No entiendes nada, no todo es luz y oscuridad. Hay... otros bandos, bandos mejores.

-¿Y a que bando se supone que debo unirme?

-Al Caos.

Un silencio estremecedor inundó el ambiente. Syxel y la criatura se miraron y el joven elfo sonrió.

-La verdad es que no entiendo mucho de que va todo esto, pero dime, ¿obtendré poder?

El ser devolvió la sonrisa al asesino.

-Ese talismán es solo el comienzo, un pequeño obsequio, una muestra de lo que conseguirás. Y bien ¿qué decides?

-¿Qué debo hacer?

-Así me gusta. Lo primero te gustará, tienes que demostrar que eres el elegido. Deberás conseguir poder y utilizarlo para matarle.

-¿A quién?

-Supongo que habrás oído hablar del poderoso "Archaon, el señor de la destrucción, elegido de los dioses del caos", después de su derrota ante esos pieles verdes sin cerebro los dioses no están muy contentos con él, si le vences, conseguirás que te favorezcan a ti.

-¿Puedo saber algo?¿cual de los cuatro dioses es tu señor?¿cual de ellos me ha elegido?

-¿Como estas tan seguro de que mi señor es uno de los cuatro dioses del Caos? limítate a hacer lo que se te diga, y puede que en algún momento el se muestre ante ti. Debes partir hacia El Viejo Mundo cuanto antes, cuando llegues allí, Expectrum te dará instrucciones sobre como llegar... al reino del caos.

La figura desapareció y Syxel sonrió nuevamente.


Syxel

sábado, 16 de enero de 2010

Entre la Oscuridad y el Caos Parte 2


Syxel había seguido a Lutromin hasta sus aposentos, donde el maestro de asesinos le indicó que tomara asiento. Pero este, prefirió declinar la invitación.

-Veras, Syxel, hay algo que me inquieta - llevó su mano hasta un cuenco que se encontraba sobre la mesa y tomó una manzana rojiza. Le dio un par de vueltas y continuó hablando - como maestro de La Lágrima Oscura he de preocuparme por mis aprendices, nuestra reputación es algo que debemos mantener. Somos unas de las mejores órdenes de Khaine y el mismísimo Malekith ha requerido el servicio de nuestros asesinos durante décadas. Por tanto, si algo extraño sucede - dio un mordisco a la manzana - algo que pudiese manchar de algún modo nuestra reputación, yo debería saberlo, y prevenir que eso suceda. ¿Como es posible que hayas podido vencer a Taff?, el es un experto asesino al que yo mismo entrené hace años, y a ti no te he dado el entrenamiento necesario como para que pudieras vencerle, ni tan si quiera para que pudiese sobrevivir a un enfrentamiento contra él.

-Entonces, me estás diciendo que esperabas que muriese, ¿no es así? - Syxel sonrió. Parecía que quisiese burlarse de su maestro.

-Algo así - Lutromin desvió la mirada - pero el caso es que quisiera saber como lo has echo, hoy estabas, como decirlo... diferente.

Por un instante el joven elfo estuvo a punto de contar lo sucedido la noche anterior con aquel extraño ser y el talismán. Pero se contuvo y se limitó a decir que simplemente se había levantado con energía.

-¿Intentas burlarte de mí? - preguntó el maestro enfurecido.

-Nada más lejos de mis intenciones mi señor, si no le importa, estoy algo... agotado después del enfrentamiento, ¿puedo retirarme a descansar?

-Bueno... - meditó durante un momento - esta bien, pero si hay algo que debas contarme, estaré por aquí.

-De acuerdo, no dudes que lo haré... padre

-¡Te advertí que no me llamaras así de nuevo!, aquí no soy tu padre, sino tu maestro, y por consiguiente debes respetarme.

-Lo tendré en cuenta - Syxel salió corriendo de la habitación.

-Será posible - Lutromin dio un último mordisco a la manzana y la arrojo por una ventana.

Cuando Syxel llegó a su habitación se sentó en la cama y se quedo pensativo. ¿Qué diablos estaba ocurriendo?, decidió repasar los hechos desde el principio. Primero, en plena noche un ser extraño aparece en su habitación y le entrega un colgante, y al día siguiente el colgante aumente increíblemente su fuerza y habilidad durante un combate.

-Definitivamente, no se que ha pasado pero me gusta - se dijo a si mismo sonriente.

El joven asesino decidió ir a ver a Jondalar, su hermano mayor. Pero cuando se disponía ha salir, un escalofrío recorrió su cuerpo. El colgante retomó el tacto gélido y Syxel se dio la vuelta. Una nueva figura se apareció ante el. Aunque era totalmente diferente a la criatura de la otra noche, su mera presencia y el aura que le rodeaba le daban un toque caótico al ambiente.

-¿Así que tu eres el elegido no? vaya, me esperaba... otra cosa - un ser de aspecto humanoide con unas extremidades anormalmente largas se encontraba sentado en un pequeño taburete. Sus ojos poseían un extraño brillo amarillento.

-¿Quien... o que diablos eres?

Syxel parecía menos sorprendido que con la primera aparición.

-¿Yo? yo no soy nadie - el extraño ser rompió a reír - lo importante aquí es ¿quién eres tu?¿y quién llegarás a ser?

La figura chasqueó los dedos y desapareció. Syxel se dio la vuelta y lo vio nuevamente, esta vez apoyado en la puerta y con aire sonriente. Su escalofriante sonrisa bastaba para helar el corazón del asesino.

-Por lo visto, ya estás comenzando a familiarizarte con el colgante ¿me equivoco?

-¿Qué colgante? - intentó disimular el joven elfo.

-Vamos, no te hagas el loco, sabes a lo que me refiero - estiró su larga mano apuntando con el dedo índice al pecho de Syxel - hablo del colgante que te entregó Expectrum la otra noche, el Talismán del Destino.

jueves, 14 de enero de 2010

Entre la Oscuridad y el Caos Parte 1


En plena noche una extraña sombra deambulaba por los pasillos de la prestigiosa escuela de asesinos, conocida como La lágrima Oscura, en el ambiente no se detectaba ningún tipo de sonido, la figura abrió una puerta y entró en la habitación.

Syxel dormía plácidamente sin sospechar lo que le esperaba, si hubiera sabido lo que estaba a punto de ocurrirle le hubiera sido imposible conciliar el sueño. El asesino despertó y quedo petrificado ante la imagen que se alzaba frente a él. Únicamente una túnica negra en la que era imposible divisar rostro alguno. Syxel miró al suelo y pudo contemplar como la túnica acababa a escasos centímetros del suelo, del final de esta no surgían pies, el ser se encontraba como... levitando.

-Tú has sido elegido... - una voz ronca y severa inundó la habitación helando el corazón del joven elfo oscuro, pues ese sonido no pertenecía a este mundo.

-Tú servirás al propósito de mi señor... - pronunció nuevamente la figura, y acto seguido desapareció.

El joven asesino sintió como si su pecho se helara y se despojó de la camisa. De su cuello colgaba un medallón con un extraño grabado. Syxel no comprendía de donde había salido ese artefacto y mucho menos el motivo de su helado tacto. Intentó retomar el sueño pero le fue imposible.

Llegó temprano al entrenamiento del día siguiente, no había conseguido volver a dormir después de la aparición de aquel ser la noche anterior. El amuleto, que aún llevaba al cuello, había perdido ese tacto frío, pero el asesino no paraba de hacerse preguntas.

Un individuo llegó a la sala y todos los presentes se arrodillaron, era Lutromin, el maestro de la escuela. Con voz severa ordenó a Taff que se situara en el centro de la sala. Era un asesino experimentado que Lutromin había traído para que sus chicos pudieran entrenar contra un oponente de verdad.

-Mmm... Atruz, tu serás el primero.

Atruz era el mejor alumno de la escuela. A pesar de su juventud, ya había participado en varias misiones encomendadas por el mismísimo Malekith. Con un aire de superioridad, se situó frente a Taff y se dispuso a comenzar. Atruz lanzó una daga al asesino pero este la paró con la mano izquierda, mientras con la derecha hacía lo propio contra su rival. Atruz alcanzó a esquivarla pero mientras lo hacía Taff cargó contra él a una velocidad increíble. Antes de que el aprendiz de asesino pudiera reaccionar Taff ya le había proporcionado un fuerte golpe en el estomago dejándole de rodillas en el piso. Sacó otra daga y se dispuso a acabar con la vida de su rival derrotado.

-Detente - le interrumpió Lutromin - estás aquí para entrenar, no para asesinar a mis alumnos. Llevaos a Atruz, Syxel, te toca a ti.

Los presentes comenzaron a reír, ya que Syxel no es que fuera uno de los mejores alumnos.

-¡Silencio! - ordenó el maestro y todos se callaron - Syxel, te he dado una orden.

-Sí mi señor - el asesino se situó frente a Taff, aunque algo inseguro.

-Que comience el duelo

Taff sacó una daga que llevaba oculta y se arrojó contra el joven. Syxel apenas tuvo tiempo de apartarse, pero aún así la daga alcanzó a rozarle el hombro. En cuanto el filo del arma entró en contacto con el hombro, el medallón comenzó a enfriarse de nuevo, lo que provoco que el corazón del joven asesino comenzase a ir más deprisa, algo que extrañó a Syxel. Taff se dio cuenta de la distracción de su oponente e intentó aprovecharla lanzando un nuevo ataque contra el rostro del joven, pero el cuerpo de este reaccionó solo, esquivando el golpe con una majestuosidad que extrañó a todos los presentes, incluido el maestro Lutromin. El cuerpo de Syxel comenzó a moverse por sí mismo, esquivando con facilidad los ataques de su oponente, Taff comenzó a inquietarse por no ser capaz de acertar al asesino.

-Maldito enclenque, ¿es que solo sabes huir?

Syxel dejó escapar una ligera sonrisa, demostrando una firmeza impropia en el. Taff se lanzó en una arremetida desesperada, pero esto le dejó indefenso por unos instantes, momento que Syxel aprovechó para propinar un golpe en el pecho de su contrincante, algo extraño sucedió, en cuanto Syxel dio el golpe el medallón alcanzó un tacto gélido, y la fuerza del asesino se vio incrementada de tal forma que Taff salió disparado varios metros hacia atrás dándose un golpe contra la pared y cayendo al suelo inconsciente con varias costillas rotas.

El resto de asesinos felicitaron a su compañero, pero el maestro estaba desconcertado.

-Syxel, acompáñame.

-Sí, maestro.






mforos.com a syxel XD